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I. M. I.
Fiat Sempre e in Eterno.
20-1
Septiembre 17, 1926
Cómo cada cosa creada por Dios tiene su lugar, y quien sale
de la Voluntad de Dios pierde su lugar. Importancia
del Reino del Fiat Divino.
(1) Jesús mío, invoco tu Santo Querer, a fin de que Él mismo venga a escribir sobre el papel
las palabras más penetrantes y elocuentes, con los vocablos más aptos para hacerse
comprender, de manera de pintar con los colores más bellos, con la luz más refulgente, con las
características más atrayentes el Reino del Fiat Supremo, en modo de infundir en las palabras
que me harás escribir en el papel, una fuerza magnética y un imán potente que nadie podrá
resistir, para hacerse dominar por tu Santísima Voluntad. Y Tú, Mamá mía, verdadera Soberana
Reina del Fiat Supremo, no me dejes sola, ven a guiar mi mano, dame la llama de tu corazón
materno, y mientras escribo tenme bajo tu manto azul a fin de que pueda cumplir todo lo que mi
amado Jesús quiera de mí.
(2) Me sentía toda investida por el Querer Supremo, el cual atrayéndome en su luz inmensa
me hacía ver el orden de la Creación, como cada cosa estaba en su puesto asignado por su
Creador. Mi mente se perdía y quedaba raptada al ver el orden, la armonía, la magnificencia, la
belleza de toda la Creación, y mi dulce Jesús que estaba conmigo me ha dicho:
(3) “Hija mía, a todo lo que salió de nuestras manos creadoras, a cada cosa creada le fue
asignado su puesto y su oficio distinto, y todas están en su puesto, alabando con alabanzas
incesantes a aquel Fiat Eterno que las domina, las conserva y les da vida nueva. Así que el
conservarse siempre bellas, íntegras, nuevas, es por el movimiento del Fiat Supremo dominante
en ellas. También al hombre le fue asignado su puesto, su oficio de soberano sobre todas las
cosas creadas, con la diferencia que mientras todas las otras cosas creadas por Nosotros
quedaban tal y como Dios las había creado, sin cambiarse jamás, ni crecer, ni decrecer, en
cambio mi Voluntad dando al hombre la supremacía sobre todas las obras de nuestras manos,
y queriendo desahogar con él más en amor, le daba el oficio de crecer continuamente en belleza,
en santidad, en sabiduría, en riqueza, hasta elevarlo a la semejanza de su Creador, pero siempre
debía hacerse dominar, guiar, para dar campo libre al Fiat Supremo de formar su Vida Divina en
él, para poder formar este continuo crecimiento de bienes y de belleza con la felicidad sin fin,
porque sin mi Voluntad dominante no puede haber ni crecimiento, ni belleza, ni felicidad, ni
orden, ni armonía. Mi Voluntad, siendo Ella origen, dueña, principio de toda la obra de la
Creación, donde Ella existe tiene virtud de conservar bella su obra, tal y como la sacó, pero
donde no existe falta la comunicación de sus humores vitales para conservar la obra salida de
nuestras manos. ¿Ves entonces qué gran mal fue para el hombre el sustraerse de nuestra
Voluntad? Así que todas las cosas, aun las más pequeñas, tienen su puesto, se puede decir
que están en su casa, al seguro, nadie las puede tocar, poseen la abundancia de los bienes,
porque ese Querer que corre en ellas posee la fuente de todos los bienes, están todas en el
orden, la armonía y la paz de todas. En cambio el hombre, con sustraerse de nuestro Querer
perdió su puesto, quedó sin nuestra casa, expuesto a los peligros, todos lo pueden tocar para
hacerle daño, los mismos elementos son superiores a él porque poseen una Voluntad Suprema,
mientras que él posee una voluntad humana degradada que no sabe darle otra cosa que
32 Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa Piccarreta.