‘Majestad Suprema, tu pequeña hija viene ante Ti, sobre tus rodillas paternas, para pedirte tu
Fiat, tu Reino, que sea por todos conocido; te pido el triunfo de tu Querer a fin de que domine y
reine sobre todos. No soy yo sola quien te lo pido, sino que junto conmigo tus obras, tu mismo
Querer, por eso a nombre de todos te pido, te suplico tu Fiat’. Si supieras cómo conmueve a
nuestro Ser Supremo este tu estribillo, nos sentimos rogar por todas nuestras obras, suplicar
por nuestro mismo Querer; Cielo y tierra doblan las rodillas para pedirnos el Reino de mi Eterno
Querer. Por eso, si lo quieres, continúa tus actos, a fin de que una vez alcanzado el número
establecido de ellos, puedas obtener lo que con tanta insistencia suspiras”.
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19-60
Septiembre 15, 1926
Custodia y vigilancia de Jesús mientras escribe. Cómo el Reino
del Fiat cuesta mucho. Los actos hechos en el Fiat son más que sol.
(1) Después de haber escrito cuatro horas o más, me sentía toda extenuada de fuerzas, y
habiéndome puesto a rezar según mi costumbre en su Santísimo Querer, mi dulce Jesús ha
salido de dentro de mi interior y estrechándome a Sí, todo ternura me ha dicho:
(2) “Hija mía, estás cansada, repósate en mis brazos. ¡Cuánto nos cuesta a Mí y a ti el Reino
del Fiat Supremo! Mientras que todas las otras criaturas, quién duerme en la noche, quién se
divierte y quién llega hasta ofenderme, pero para Mí y para ti no hay reposo, ni siquiera de noche,
tú ocupada en escribir y Yo en vigilarte, en darte las palabras, las enseñanzas que corresponden
al Reino del Querer Supremo; y mientras te veo escribir, para hacerte trabajar más y no hacerte
cansar te sostengo en mis brazos, a fin de que escribas lo que quiero, para poder dar todas las
enseñanzas y las prerrogativas, los privilegios, la santidad y las riquezas infinitas que este mi
Reino posee. Si tú supieras cuánto te amo y cuánto gozo al verte sacrificar aun el sueño y toda
tú misma por amor de mi Fiat que ama tanto el hacerse conocer a las generaciones humanas.
Nos cuesta mucho, es verdad hija mía, y Yo para compensarte, casi siempre después de que
has escrito te hago reposar sobre mi corazón roto y abatido por el dolor y por el amor: Por el
dolor porque mi reino no es conocido, y por el amor porque quiero hacerlo conocer, a fin de que
tú, sintiendo mi dolor y el fuego que me quema, sacrifiques a toda tú misma y no te perdones en
nada, todo por el triunfo de mi Voluntad”.
(3) Entonces, mientras estaba en los brazos de Jesús, la luz inmensa de la Voluntad Divina,
que llenaba Cielo y tierra, me llamaba a girar en Ella para hacerme hacer mis acostumbrados
actos, para hacerme poner mi ‘te amo’, mi adoración en toda la Creación, a fin de que tuviese la
compañía de su pequeña hija en cada una de las cosas creadas donde Ella reina y domina.
Después de haber hecho esto, mi dulce Jesús me ha dicho:
(4) “Hija mía, qué luz, qué potencia, qué gloria adquiere el acto de la criatura hecho en mi
Voluntad, estos actos son más que sol, que mientras está en lo alto, su luz eclipsa las estrellas
y llena toda la tierra, llevando su beso a todas las cosas, su calor, sus benéficos efectos, y como
la naturaleza de la luz es el expandirse, no hace trabajo de más con dar los bienes que
naturalmente posee a quien los quiera. Símbolo del sol son los actos hechos en mi Querer;
conforme se forma el acto, mi Querer le suministra la luz para formar el sol, el cual se eleva en
lo alto, porque la naturaleza del sol es de estar en lo alto, no en lo bajo, de otra manera no podría
hacer el bien que hace, porque las cosas que están en lo bajo son siempre circunscritas,
individuales, a tiempo, a lugar, no son ni saben producir bienes universales. Así este sol formado
por mi Voluntad y por el acto de la criatura, elevándose en alto hasta el trono de Dios, forma el
verdadero eclipse: Eclipsa el Cielo, los santos, los ángeles; la grandeza de sus rayos toman
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