como en un puño la tierra; su luz benéfica lleva al Cielo la gloria, la alegría, la felicidad, y a la
tierra la luz de la verdad, hace huir las tinieblas, lleva el dolor de la culpa, el desengaño de las
cosas que pasan. Uno es el sol, pero su luz contiene todos los colores y todos los efectos para
dar vida a la tierra. Así, uno es el acto, uno es el Sol de mi Voluntad formado en ese acto, pero
los bienes, los efectos son innumerables. Por eso el Reino del Fiat Supremo será Reino de luz,
Reino de gloria y de triunfo; la noche del pecado no entrará en él, sino que será siempre pleno
día, sus refulgentes rayos serán tan penetrantes, que triunfarán sobre el abismo en el cual ha
caído la pobre humanidad. Por eso te he dicho tantas veces que tu trabajo es grande por el
haberte confiado mi Voluntad Divina, a fin de que con el hacerla conocer, tú pongas a salvo sus
derechos, tan desconocidos por las generaciones humanas, y los bienes que de esto vendrán
serán grandísimos, y tú y Yo seremos doblemente felices por haber trabajado en la formación
de este Reino”.
(5) Después de esto estaba pensando entre mí: “Mi amado Jesús dice tantas cosas
admirables de este Reino tan santo del Querer Supremo, pero aparentemente, externamente no
se ve nada de estas cosas admirables. Si se pudiesen ver los prodigios, los grandes bienes, la
felicidad de Él, la faz de la tierra se cambiaría y en las venas humanas correría una sangre pura,
santa, noble, en modo de convertir la misma naturaleza en santidad, en gozo y en paz perenne”.
Mientras estaba en esto, Jesús ha salido de dentro de mi interior y me ha dicho:
(6) “Hija mía, este Reino del Fiat Supremo primero debe fundarse, formarse, madurarse entre
Yo y tú, y después debe transmitirse a las criaturas. Lo mismo sucedió entre Yo y la Virgen,
primero me formé en Ella, crecí en su seno, me nutrí de su pecho, vivimos juntos para formar
entre los dos, al tú por tú, como si ningún otro hubiese, el Reino de la Redención, y después fue
transmitida a las otras criaturas mi misma Vida y los frutos de la Redención que mi misma Vida
contenía. Así será del Fiat Supremo, lo haremos primero entre Nosotros dos solos, al tú por tú,
y cuando esté formado Yo pensaré en cómo transmitirlo a las criaturas. Un trabajo es más fácil
hacerlo llegar a buen fin cuando se forma en el secreto, en el silencio de dos personas que
verdaderamente aman aquel trabajo, y cuando está formado resulta más fácil manifestarlo y
darlo como don a los demás. Por eso déjame hacer y no te des ningún pensamiento”.
Deo Gratias.
Nihil obstat
Canonico Hanibale
M. Di Francia
Eccl.
Imprimatur
Arzobispo Giuseppe M. Leo
Octubre de 1926
1228 sig