hizo salir en campo a mi Voluntad, y si bien como consecuencia y naturalmente todos nuestros
atributos concurrieron, pero el Supremo Querer fue como acto primero, el cual tomaba como
máximo interés suyo la vida de toda la Creación, comprendido el hombre, y por eso se hacía
vida de todos, dominando todo, haciendo todo suyo, porque todo de Ella había salido, por justicia
todo debía ser suyo. Mi Voluntad, más que sol emanó sus rayos y con la punta de estos rayos,
animando la naturaleza humana formaba la voluntad en la criatura. ¿Ves entonces qué cosa es
la voluntad en las generaciones humanas? Tantas múltiples puntas de rayos, que eran como
tantas chispas en las criaturas, para formar la voluntad en ellos, pero sin separar estas chispas
del rayo que se desprendía del centro del Sol del Querer Supremo. Así que todas las
generaciones humanas giran en torno a este Sol, porque cada una de las criaturas contiene la
punta de un rayo de este Sol eterno de mi Voluntad. Ahora, ¿cuál no será la afrenta de este Sol
al ver la circunferencia de estos rayos, cuya punta forma la voluntad de cada una de las criaturas,
convertidas, cambiadas en tinieblas, en naturaleza humana, desconociendo la luz, el dominio,
la vida de aquel Sol que con tanto amor daba su Voluntad, a fin de que la suya y la de las
criaturas fuese una sola, y así poder formar en ellas la Vida Divina? ¿Puede haber vínculo más
fuerte, más estable y que no pueda desunirse, entre el centro del sol y sus rayos? La luz es
indivisible, y si se pudiese desunir, la parte dividida iría errante y terminaría con disolverse en
las tinieblas. Así que entre Voluntad Divina y humana hay tal unión de compenetración, que se
puede comparar a la unión que hay entre el sol y el rayo solar, entre el calor y la luz. ¿No sería
derecho del sol dominar sus rayos, recibir la sujeción de ellos para formar su reino de luz sobre
su misma circunferencia solar? Así es para mi Voluntad, cuando la criatura se sustrae de Ella
queda como sin Reino, sin dominio, sin súbditos; se siente robar lo que es suyo, cada acto que
no depende de su Querer es un desgarro, un hurto que se hace a su luz, y por eso al verse robar
su luz y convertida ésta en tinieblas, sufre más que una madre cuando se ve arrancar el parto
de sus entrañas, no para darle vida sino para matarlo. Así que las pérdidas que hace mi
Voluntad cuando la criatura no está unida a su centro y no vive de la luz de su Querer, son
pérdidas divinas y de valor infinito; los males de la criatura, la fealdad que adquiere, son
incalculables e indescriptibles, mi Voluntad queda sin Reino en las criaturas y ellas quedan
despojadas, sin herencia, sin derecho a los bienes, por eso no existe otra cosa más importante,
más grande, que pondrá el equilibrio, el orden, la armonía, la semejanza entre Creador y criatura,
sino mi Voluntad. Por eso quiero hacer conocer qué cosa es el Querer Divino y el humano, a fin
de que nos reconciliemos, y Ella adquiera su Reino y a las criaturas les vengan restituidos todos
los bienes perdidos”.
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19-57
Septiembre 9, 1926
Jesús cuando habla dona el bien que encierra su palabra. En el
Divino Querer no habrá esclavos, ni rebeldes, ni leyes, ni mandatos.
(1) Estaba pensando en cuánta potencia, cuántos bienes están encerrados en el Santo Querer
Divino, en cómo en Él todo es paz, todo es felicidad, en cómo no se tiene necesidad de ordenes
para obrar, sino que la propia naturaleza siente en sí tal fuerza hacia el bien, que no puede hacer
menos que hacerlo. Qué felicidad sentirse convertida en bien, en santidad, en fuerza, a la propia
naturaleza, así que en el reino del Querer Supremo no habrá leyes, sino que todo será amor y
la naturaleza convertida en ley divina, de modo que por sí misma querrá hacer lo que el Fiat
Supremo quiere que haga. Ahora, mientras esto pensaba, mi siempre amable Jesús con su
acostumbrada luz que hacía salir de su inteligencia me ha dicho: