(3) Después de esto hacía ver toda la Creación, cómo todas las cosas creadas están en el
puesto querido por Dios, y por lo tanto en el orden perfecto y en la completa armonía entre ellas
y la Suprema Voluntad, porque todas las cosas están en su puesto, mantienen su existencia
íntegra, bella, fresca y siempre nueva, y el orden lleva la felicidad común y la fuerza universal a
todos. Qué encanto el ver el orden, la armonía de toda la Creación, y Jesús retomando su
palabra ha agregado:
(4) “Hija mía, cómo son bellas nuestras obras, son nuestro honor y nuestra gloria perenne,
todas están en su puesto y cada una de las cosas creadas cumple perfectamente su oficio, sólo
el hombre es nuestro deshonor en nuestra obra creadora, porque con sustraerse de nuestra
Voluntad camina con la cabeza abajo, en la tierra, y con los pies en el aire, ¡qué desorden, qué
desorden, da horror el verlo! Caminando con la cabeza abajo araña la tierra, se desordena todo,
se transforma, a la vista le falta el espacio necesario para mirar, no puede difundirse en el
espacio para conocer las cosas, ni defenderse si el enemigo le está tras las espaldas, ni hacer
mucho camino, porque, ¡pobrecito! con la cabeza debe arrastrarse, no caminar, porque el oficio
de caminar es de los pies y el de la cabeza es el de dominar. Así que el hacer la propia voluntad
es la verdadera y perfecta ruina del hombre y el desorden de la familia humana. Por eso me
interesa tanto que mi Voluntad sea conocida, a fin de que la criatura regrese a su puesto, no
más se arrastre con la cabeza abajo, sino que camine con los pies, no forme más mi y su
deshonor, sino mi y su honor. Mira tú misma, ¿no dan una fea apariencia las criaturas al verlas
caminar con la cabeza por tierra? ¿No te disgusta aun a ti el verlas tan desordenadas?”
(5) Yo he mirado y las veía con la cabeza abajo y los pies en el aire. Jesús ha desaparecido
y yo he quedado mirando este feo espectáculo de las generaciones humanas, y rogaba de
corazón que su Voluntad sea conocida.
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19-52
Agosto 29, 1926
La naturaleza del verdadero bien sólo la posee la Voluntad
Suprema. Bendiciones de Jesús al título que debe darse
a los escritos sobre su Santísima Voluntad.
(1) Mi pobre mente está siempre de regreso en el centro supremo del Querer Eterno, y si
alguna vez pienso en alguna otra cosa, Jesús mismo con su decir llama mi atención a navegar
el mar interminable de su Santísima Voluntad. Ahora, como estaba pensando en otras cosas,
mi dulce Jesús, celoso, me ha estrechado a Sí y me ha dicho:
(2) “Hija mía, siempre en mi Voluntad te quiero, porque en Ella está la naturaleza del bien. Un
bien sólo se puede llamar verdadero bien cuando no termina jamás, ni tiene principio ni fin. El
bien, cuando tiene principio y fin, está lleno de amarguras, de temores, de ansiedades y aun de
desilusiones, todo esto vuelve infeliz el mismo bien, y muchas veces se pasa con facilidad del
bien de la riqueza a la miseria, de la fortuna se pasa al infortunio, de la salud se pasa a la
enfermedad, porque todos los bienes que tienen principio son vacilantes, pasajeros, caducos y
al final se resuelven en la nada. Por eso la naturaleza del verdadero bien la posee sólo mi
Voluntad Suprema, porque no tiene principio ni fin, y por eso el bien es siempre igual, siempre
pleno, siempre estable, no sujeto a ninguna mutación; por eso todo lo que el alma hace entrar
en el Supremo Querer, todos sus actos formados en Él, adquieren la naturaleza del verdadero
bien, porque son hechos en una Voluntad estable, no cambiante, que contiene bienes eternos y
sin medida. Así que tu amor, tu oración, tus agradecimientos y todo lo que puedes hacer, toman
puesto en un principio eterno que no termina jamás, y por eso adquieren la plenitud de la
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