naturaleza del verdadero bien, por lo tanto tu oración adquiere el pleno valor y el fruto completo,
de modo que tú misma no podrás comprender hasta dónde se extenderán los frutos, los bienes
de tu oración, ella girará la eternidad, se dará a todos y al mismo tiempo quedará siempre plena
en sus efectos; tu amor adquiere la naturaleza del verdadero amor, de aquel amor
inquebrantable que jamás viene a menos, que jamás termina, que ama a todos y se da a todos
y queda siempre con la plenitud del bien de la naturaleza del verdadero amor, y así de todo lo
demás. A todo lo que entra en mi Voluntad, su fuerza creadora le comunica su misma naturaleza
y los convierte en actos suyos, porque no tolera en Ella actos disímiles de los suyos, y por eso
se puede decir que los actos de la criatura hechos en mi Voluntad, entran en los caminos
inescrutables de Dios, y no se pueden conocer todos sus innumerables efectos. Lo que no tiene
principio ni fin se vuelve incomprensible a las mentes creadas que tienen su principio, porque
faltando en ellas la fuerza de un acto que no tiene principio, todas las cosas divinas y todo lo
que entra en mi Voluntad se vuelve inescrutable y no investigable. Ve entonces el gran bien del
obrar en mi Voluntad, a qué punto tan alto eleva a la criatura, cómo le viene restituida la
naturaleza del bien, tal como la sacó de su seno su Creador. En cambio, todo lo que se puede
hacer fuera de mi Voluntad, aunque sea un bien, no se puede llamar verdadero bien, porque le
falta el alimento divino, su luz, y son disímiles de mis actos, y por eso quitan la semejanza al
alma de la imagen divina, porque es sólo mi Voluntad la que la hace crecer a mi semejanza, y
quitada esta semejanza se quita lo más bello, el valor más grande al obrar humano, así que son
obras vacías de sustancia, de vida y de valor, son como plantas sin fruto, como alimento sin
sustancia, como estatuas sin vida, como trabajos sin salario, que cansan los miembros de los
más fuertes. ¡Oh, la gran diferencia entre el obrar en mi Voluntad y entre el obrar sin Ella! Por
eso sé atenta, no me des este disgusto de hacerme ver en ti un acto que no dé mi semejanza”.
(3) Después de esto ha desaparecido, pero poco después ha regresado como inquieto por las
ofensas recibidas, y refugiándose en mí quería tomar reposo, y yo le he dicho: “Amor mío, tengo
tantas cosas que decirte, tantas cosas que establecer entre Tú y yo, tengo que pedirte que tu
Voluntad sea conocida y que su Reino tenga su pleno triunfo. Si Tú reposas yo no puedo decirte
nada, debo callar para dejarte reposar”. Y Jesús interrumpiendo mis palabras, con una ternura
indecible me ha estrechado a Sí, muy fuerte, y besándome me ha dicho:
(4) “Hija mía, cómo es bella la oración sobre tus labios acerca del triunfo del Reino del
Supremo Querer, es el eco de mi misma oración, de mis suspiros y de todas mis penas. Ahora
quiero ver lo que has escrito acerca del título para darse a los escritos sobre mi Voluntad”.
(5) Y mientras esto decía tomaba este libro entre sus manos, y parecía que leyese lo que está
escrito el 27 de Agosto; mientras leía quedaba pensativo, como si se pusiera en profunda
contemplación, de modo que yo no osaba decirle nada, sólo oía que su corazón le latía muy
fuerte, como si quisiera estallar; después ha estrechado el libro a su pecho diciendo:
(6) “Bendigo el título, lo bendigo de corazón y bendigo todas las palabras que conciernen a
mi Voluntad”.
(7) Y levantando su mano derecha, con una majestad encantadora ha pronunciado las
palabras de la bendición. Hecho esto ha desaparecido.
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