caminaba, obraba, hablaba, predicaba el evangelio, instituía los Sacramentos, sufría y quedaba
crucificado. Así que todo lo que se veía en el exterior de mi Humanidad que sucedía poco a
poco, dentro de Mí era un solo acto, largo y continuado, y que continúa aún. Así que conforme
quedé concebido, partiendo del acto único del Eterno, quedé en acto de concebirme siempre,
de nacer siempre, de gemir y llorar siempre, en suma, todo lo que hice quedó en acto y como
acto continuo, porque todo lo que sale de Dios y queda en Dios no sufre mutaciones, ni
incremento ni disminución, hecho el acto queda con la plenitud de la vida que jamás termina y
que puede dar vida a todos, por cuantos la quieran; así que mi Voluntad mantuvo y mantiene
todo en acto, toda mi Vida, como mantiene en acto la vida del sol, sin hacerlo crecer ni disminuir
en su luz, en el calor y en sus efectos; así como conserva la extensión del cielo con todas las
estrellas, sin jamás restringirse o perder aun una sola estrella; y de tantas otras cosas creadas
por Mí, así mi Supremo Querer mantiene la vida a todos los actos de mi Humanidad, sin perder
ni siquiera un respiro. Ahora, mi Voluntad donde reina no sabe hacer actos separados, su
naturaleza es un acto solo, múltiple en los efectos, pero en el acto es siempre único, por eso
llama al alma que se hace dominar por Ella a la unión de su acto único, a fin de que encuentre
todos los bienes, todos los efectos que solamente un acto único de un Dios puede poseer. Por
lo tanto, tu atención esté en permanecer unida a aquel acto único del Eterno si quieres encontrar
en acto toda la Creación y toda la Redención, en este acto único encontrarás la largura de mis
penas, de mis pasos, mi continuada crucifixión, todo encontrarás, mi Voluntad no pierde nada y
tú en Ella quedarás fundida en mis actos y tomarás el fruto de toda mi Vida. Si esto no fuese
así no habría gran diferencia entre mi obrar y el obrar de mis santos, en cambio con ser mi obrar
un acto único, entre mi obrar y el de ellos hay la diferencia que existe entre el sol y la pequeña
llamita, entre el gran mar y la gota de agua, entre la vastedad de los cielos y el pequeño agujero.
Sólo la potencia de mi acto único tiene el poder de darse a todos y abrazar todo, y mientras da
no pierde jamás nada”.
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19-51
Agosto 27, 1926
Jesús da el título al libro sobre su Voluntad.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús me hacía ver al reverendo
padre que debe ocuparse de la publicación de los escritos sobre la adorable Voluntad de Dios,
y Jesús, poniéndose cercano a él le decía:
(2) “Hijo mío, el título que darás al libro que publicarás sobre mi Voluntad será éste: ‘El Reino
de mi Divina Voluntad en medio a las criaturas. Libro de Cielo. Llamada a las criaturas al orden,
a su puesto y a la finalidad para la que fueron creadas por Dios’. Mira, también el título quiero
que corresponda a la gran obra de mi Voluntad, quiero que la criatura comprenda que su puesto,
asignado a ella por Dios, es en mi Voluntad, y hasta en tanto no entre en Ella estará sin puesto,
sin orden, sin finalidad, será una intrusa en la Creación, sin derecho de permanencia, y por eso
irá errante, sin paz, sin herencia, y Yo, movido a compasión de ella le gritaré continuamente:
‘Entra en tu puesto, ven al orden, ven a tomar tu herencia, a vivir en tu casa, ¿por qué quieres
vivir en casa extraña? ¿Por qué quieres ocupar un terreno que no es tuyo? Y no siendo tuyo
vives infeliz y eres el siervo y el hazmerreír de todas las cosas creadas. Todas las cosas creadas
por Mí, porque permanecen en su puesto, están en el orden y en perfecta armonía con toda la
plenitud de sus bienes que Dios les asignó, sólo tú quieres ser infeliz, pero infelicidad voluntaria,
por eso ven a tu puesto, a él te llamo y ahí te espero’. Por eso, aquél o aquélla que se prestará
a hacer conocer mi Voluntad será mi portavoz, y Yo le confiaré los secretos del Reino de Ella”.