y entre quien debe ser miembro, como si se comparara al sol como cabeza y a una pequeña luz
como miembro. Por eso te he dicho tantas veces que tu misión es grande, porque no se trata
de la sola santidad personal, sino se trata de abrazar todo y a todos, y preparar el Reino de mi
Voluntad a las generaciones humanas”.
(7) Después de esto estaba siguiendo los actos del Querer Supremo, los cuales, todos se
convertían en luz y formaban un horizonte de luz resplandeciente, que formaba nubes de plata,
y donde penetraba esta luz todo se convertía en luz, tenía el poder, la fuerza de vaciar todo para
llenar todo de su luz fulgidísima, y Jesús ha agregado:
(8) “Hija mía, no hay cosa más penetrante que la luz, ella se expande dondequiera con una
rapidez encantadora, llevando sus benéficos efectos a todos aquellos que se hacen investir por
ella; la luz no se niega a hacer bien a ninguno, sean personas, sea tierra, sea agua, sea planta
u otro, su naturaleza es iluminar y hacer el bien, y por eso no deja atrás a ninguno, lleva a todos
su beso de luz y les dona el bien que contiene.
(9) Mi Voluntad es más que luz, Ella se expande dondequiera y lleva el bien que contiene, y
los actos hechos en Ella forman la atmósfera de oro y de plata que tiene virtud de vaciar todas
las tinieblas de la noche de la voluntad humana, y con su luz benéfica lleva el beso del Eterno
Querer, para disponer a las criaturas a querer venir al Reino del Fiat Supremo. Cada acto tuyo
hecho en Él es un horizonte nuevo que haces surgir al ojo de la inteligencia humana, para
hacerle suspirar la luz del bien que posee mi Voluntad. Hija mía, para preparar este Reino se
necesita el trabajo, se requieren leyes celestiales, que son leyes todas de amor; en Él no
entrarán las leyes de temor, de penas, de condena, porque las leyes de amor de mi Voluntad
serán amigables, filiales, de recíproco amor entre Creador y criatura, así que los temores, las
condenas, no tendrán ni vigor ni vida, y si habrá algún sufrimiento, será pena de triunfo y de
gloria. Por eso sé atenta, porque se trata de hacer conocer un Reino celestial, de manifestar
sus secretos, sus prerrogativas, sus bienes, para atraer a las almas a amarlo, a suspirarlo y a
hacerles tomar la posesión de él”.
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19-50
Agosto 25, 1926
La Divina Voluntad forma de toda la Vida
de Nuestro Señor un acto solo en su interior.
(1) Estaba recordando todos los actos de Nuestro Señor para unirme con Él, y no sólo esto,
sino para encontrar su Santísima Voluntad obrante en todos sus actos, para poder fundirme con
Ella y hacer un acto solo con el mío, así que habría querido quedar concebida con Jesús, nacer
con Jesús, gemir, llorar, sufrir, rezar, derramar mi sangre junto con la suya y morir junto con
Jesús. Ahora, mientras esto pensaba, se ha movido en mi interior haciéndome sentir que estaba
en mi corazón, y alzando los brazos para estrecharme a Él me ha dicho:
(2) “Hija mía, toda mi Vida fue un solo acto proveniente de aquel acto único del Eterno, que
no tiene sucesión de actos, y si en mi Humanidad externamente se vieron poco a poco la
sucesión de mis actos, esto es, concebir, nacer, crecer, obrar, caminar, sufrir, morir, en lo interno
de mi Humanidad, mi Divinidad, el Verbo Eterno unido a mi alma, formaba un acto solo de toda
mi Vida, así que la sucesión de los actos externos que se veían en mi Humanidad era la
desembocadura del acto único, que desbordando fuera formaba la sucesión de mi Vida externa,
pero en mi interior, conforme quedé concebido, al mismo tiempo nacía, lloraba, gemía,
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