con nueva Vida Divina, si esto no fuese así, me dejaría vencer por el amor de la criatura, lo que
no puede ser. Y además, no es verdad que la Soberana Reina no haya quedado jamás privada
de Mí, inseparable jamás, pero privada sí, esto no perjudicaba la altura de su santidad, más bien
la acrecentaba. Cuantas veces la dejé en el estado de pura fe, porque debiendo ser la Reina
de los dolores y la Madre de todos los vivientes, no podía faltarle el adorno más bello, la gema
más refulgente que le daba la característica de Reina de los mártires y Madre Soberana de todos
los dolores, esta pena de ser dejada en el estado de pura fe la preparó a recibir el depósito de
mi doctrina, el tesoro de los sacramentos y todos los bienes de mi Redención, porque siendo mi
privación la pena más grande, pone al alma en condición de merecer ser la depositaria de los
dones más grandes de su Creador, de sus conocimientos más altos y de sus secretos.
¿Cuántas veces no lo he hecho contigo? Después de una privación mía te he manifestado los
conocimientos más altos sobre mi Voluntad, y con esto venía a hacerte depositaria no sólo de
sus conocimientos, sino de mi misma Voluntad. Y además, la Soberana Reina como Madre
debía poseer todos los estados de ánimo, por lo tanto también el estado de pura fe, para poder
dar a sus hijos aquella fe irremovible que hace arriesgar la sangre y la misma vida para defender
y atestiguar la fe. Si este don de la fe no lo hubiera poseído, ¿cómo lo podía dar a sus hijos?”
(5) Dicho esto ha desaparecido, pero mi mente quería pensar tantas cosas extrañas y quizá
aún disparatadas y me esforzaba por hacer mis actos en la adorable Voluntad de Dios, pero
mientras esto hacía pensaba entre mí: “Si el vivir en el Reino supremo de la Voluntad Divina
requiere tanta atención, tantos sacrificios, serán poquísimos los que querrán vivir en un Reino
tan santo”. Y mi dulce Jesús regresando me ha dicho:
(6) “Hija mía, quien es llamado como cabeza de una misión debe abrazar no sólo todos los
miembros, sino debe regirlos, dominarlos y constituirse vida de cada uno de ellos; mientras que
los miembros no son los que dan vida a la cabeza ni hacen todo lo que hace ella, sino que cada
uno hace su oficio. Así quien es llamado como cabeza de una misión, abrazando todo lo que
conviene para poder desarrollar el trabajo que le ha sido confiado, sufriendo más que todos y
amando a todos, prepara el alimento, la vida, las lecciones, los oficios, según la capacidad de
quien querrá seguir su misión. Lo que es necesario a ti que debes formar el árbol con toda la
plenitud de las ramas y multiplicidad de los frutos, no será necesario a quien debe ser solo rama
o fruto, su trabajo será de estar incorporado al árbol para recibir los humores vitales que él
contiene, o sea, hacerse dominar por mi Voluntad, no dando jamás vida al propio querer en
todas las cosas, sean internas o externas; conocer mi Voluntad y recibirla como vida propia para
hacerla desarrollar su Vida Divina, en suma, hacerla reinar y dominar como Reina. Así hija mía,
quien debe ser cabeza conviene que sufra, que trabaje y que haga él solo todo lo que los demás
harán todos juntos. Esto es lo que hice Yo, porque como cabeza de la Redención puedo decir
que hice todo por amor de todos, para darles la vida y ponerlos a todos a salvo, como también
la Virgen Inmaculada, porque como Madre y Reina de todos, ¿cuánto no sufrió? ¿Cuánto no
amó y obró por todas las criaturas? Ninguno puede decir que nos haya igualado, ya sea en el
sufrir como en el amar, a lo más nos semejan en parte, pero igualarnos, ninguno. Pero con el
haber estado a la cabeza de todos, tanto Yo como la Soberana Reina, encerrábamos todas las
gracias y todos los bienes, la fuerza estaba en nuestro poder, el dominio era nuestro, Cielo y
tierra obedecían a nuestras señas y temblaban delante a nuestra potencia y santidad. Los
redimidos han tomado nuestras migajas y han comido nuestros frutos, se han sanado con
nuestros remedios, se han revigorizado con nuestros ejemplos, han aprendido nuestras
lecciones, han resucitado a costa de nuestra vida, y si han sido glorificados ha sido en virtud de
nuestra gloria, pero el poder es siempre nuestro, la fuente viva de todos los bienes brota siempre
de Nosotros, tan es verdad, que si los redimidos se alejan de Nosotros pierden todos los bienes
y vuelven a estar enfermos y pobres más que antes. He aquí lo que significa ser cabeza, es
verdad que se sufre mucho, se trabaja demasiado, se debe preparar el bien a todos, pero todo
lo que se posee sobrepasa todo y a todos, hay tal distancia entre quien es cabeza de una misión
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