mismos castigos aparecían como infinita misericordia suya, salida de lo más íntimo de su
corazón amorosísimo; entonces, vuelto hacia mí me ha dicho:
(2) “Hija mía, el hombre es una reproducción del Ser Divino, y como nuestro alimento es el
amor, siempre recíproco, conforme y constante entre las Tres Divinas Personas, por eso, el
hombre habiendo salido de nuestras manos y del amor puro y desinteresado, es como una
partícula de nuestro alimento. Ahora, esta partícula se ha vuelto amarga; no sólo eso, sino que
la mayor parte, separándose de Nosotros se ha hecho pasto de las llamas infernales y alimento
del odio implacable de los demonios, nuestros y sus capitales enemigos. He aquí la causa
principal de nuestro descontento por la pérdida de las almas: Porque son nuestras, son cosa
que nos pertenece; y también la causa que me empuja a castigarlos es el gran amor que tengo
por ellos, para poder poner a salvo sus almas”.
(3) Y yo: “¡Ah! Señor, parece que esta vez no tienes otras palabras que decir más que de
castigos, tu Potencia tiene tantos otros medios para salvar estas almas. Y además, si estuviera
cierta que toda la pena caería sobre ellos y Tú quedaras libre, sin sufrir en ellos, me contentaría,
pero veo que ya estás sufriendo mucho por aquellos castigos que has mandado, ¿qué será si
continúas mandando otros castigos?”
(4) Y Jesús: “A pesar de todo lo que sufro, el amor me obliga a enviar flagelos más pesados,
y esto porque no hay medio más potente para hacer entrar en sí mismo al hombre y hacerle
conocer qué cosa es su ser, que el hacer que se vea a sí mismo deshecho; los otros medios
parece que lo robustecen de más, por eso confórmate a mi justicia. Veo bien que el amor que
tú me tienes es lo que te empuja a no conformarte Conmigo y no tienes corazón de verme sufrir;
pero también mi Madre me amó más que todas las criaturas, tanto, que ninguna otra podrá
jamás igualarla, sin embargo, para salvar a las almas se conformó a la justicia y se contentó con
verme sufrir tanto. Si esto hizo mi Madre, ¿cómo no lo podrías hacer tú?”
(5) Y en el momento en que Jesús hablaba me sentía atraer tanto mi voluntad a la suya, que
casi no sabía resistir a conformarme con su justicia, no sabía qué decir, tan convencida me
sentía; sin embargo no manifesté mi voluntad. Jesús ha desaparecido y yo he quedado en esta
duda, si debo o no conformarme.
+ + + +
2-87
Octubre 25, 1899
Jesús habla de su gran amor por las criaturas.
(1) Mi dulcísimo Jesús continúa manifestándose casi siempre igual. Esta mañana ha
agregado:
(2) “Hija mía, es tanto el amor hacia las criaturas, que como un eco resuena en las regiones
celestiales, llena la atmósfera y se difunde sobre toda la tierra. ¿Pero cuál es la correspondencia
que dan las criaturas a este eco amoroso? ¡Ay! me corresponden con un eco de ingratitud,
venenoso, lleno de todo tipo de amarguras y de pecados, con un eco casi asesino, apto sólo
para herirme. Pero yo despoblaré la faz de la tierra, a fin de que este eco lleno de veneno no
aturda más mis oídos”.
(3) Y yo: “¡Ah! Señor, ¿qué dices?”
(4) Y Jesús: “Yo no hago más que como un médico piadoso, que tiene los remedios extremos
para sus hijos, y estos hijos están llenos de llagas, ¿qué hace este padre y médico que ama a
sus hijos más que la propia vida? ¿Dejará que se gangrenen estas llagas? ¿Los dejará morir
por temor de que aplicando el fuego y los instrumentos ellos sufran? ¡No, jamás! Aunque sentirá
como si sobre él se aplicaran tales instrumentos, con todo y esto tomará los instrumentos,
desgarra y corta las carnes, aplica el remedio, el fuego, para impedir que la corrupción avance
más. Si bien muchas veces sucede que en estas operaciones los pobres hijos se mueren, pero