que nuestro señor Arzobispo había dado su aprobación poniendo él el imprimátur, y esto era
nada, el golpe más fatal para mi pobre alma ha sido la noticia de que no sólo se debía poner lo
que correspondía a la Divina Voluntad, porque de esto, después de tantas insistencias de
Nuestro Señor y de los superiores, me había convencido que lo requería la gloria de Dios, y
mísera y pequeña cual soy no conviene oponerme a lo que el bendito Jesús quiere, sino también
el orden que Jesús ha tenido conmigo y todo lo que me ha dicho aun sobre las virtudes y
circunstancias, esto me ha resultado demasiado doloroso, he dicho una y otra vez mis razones
para que esto no se hiciese. Mientras me encontraba tan oprimida, mi dulce Jesús moviéndose
en mi interior, como si sintiera el peso de mi opresión me ha estrechado entre sus brazos, y
sacudiéndome me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿qué pasa, qué pasa? Anímate, no quiero que estés tan oprimida, ¿en vez de
agradecerme te oprimes? Tú debes saber que para hacer que mi Suprema Voluntad sea
conocida, he debido preparar las cosas, disponer los medios, arrollar al Arzobispo con los actos
de absoluto dominio de mi Voluntad, a los cuales el hombre no me puede resistir, he debido
hacer uno de mis grandes prodigios. ¿Crees tú que sea cosa fácil el obtener la aprobación de
un Obispo? Cómo es difícil, cuántas cavilaciones, cuántas dificultades, y si aprueban es con
muchas restricciones, casi quitando las pinceladas más bellas, los colores que más resaltan a
todo lo que mi bondad con tanto amor ha revelado. ¿No ves tú entonces en la aprobación del
Arzobispo el triunfo de mi Voluntad? Y por lo tanto mi gran gloria y la gran necesidad de que los
conocimientos del Supremo Querer sean conocidos, y que como rocío benéfico apaguen los
ardores de las pasiones, y que como sol que surge haga huir las tinieblas de la voluntad humana
y quite el entorpecimiento que casi todas las criaturas tienen aun en el hacer el bien, porque
falta la Vida de mi Querer. Mis manifestaciones sobre Él serán como bálsamo que cicatrizarán
las llagas que ha producido la voluntad humana; quien tenga el bien de conocerlas se sentirá
correr en él una nueva vida de luz, de gracia, de fortaleza, para cumplir en todo mi Voluntad, y
no sólo esto, sino que comprendiendo el gran mal del propio querer lo aborrecerán y se
sacudirán del durísimo yugo de la voluntad humana, para ponerse bajo el suave dominio de la
mía. ¡Ah! tú no sabes ni ves lo que sé y veo Yo, por eso déjame hacer y no te oprimas, mas
bien deberías haber apresurado y urgido tú misma a aquél que Yo con tanto amor he dispuesto
para que tomara el empeño, es más, decirle que se apresure y que no se pierda tiempo. Hija
mía, el Reino de mi Voluntad es inquebrantable y en estos conocimientos sobre Ella he puesto
tanta luz, gracia y atracciones para volverlo victorioso, de modo que conforme sean conocidos
harán dulce batalla a la voluntad humana y quedarán vencidas. Estos conocimientos serán
muro altísimo y fortísimo, más que en el Edén terrestre, que impedirán al enemigo infernal el
entrar dentro para molestar a aquellos que vencidos por mi Voluntad pasarán a vivir en el Reino
de Ella, por eso no te turbes y déjame hacer, y Yo dispondré todo para que el Fiat Supremo sea
conocido”.
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19-48
Agosto 18, 1926
Jesús anima a aquél que debe emprender la
publicación de los escritos sobre la Santísima Voluntad
de Dios. Potencia de los actos hechos en el Querer Divino.
(1) Mientras rezaba me he encontrado fuera de mí misma, y al mismo tiempo veía al reverendo
padre que debe ocuparse de la publicación de los escritos sobre de la Santísima Voluntad de
Dios, con Nuestro Señor cercano que tomaba todos los conocimientos, efectos y valores que ha
manifestado sobre el Supremo Querer, que cambiados en hilos de luz los sellaba en la
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