Voluntad, es la repetidora de los actos divinos; su amor, sus adoraciones, sus plegarias y todo
lo que hace es el desahogo de lo que ha recibido de Dios para poderle decir: ‘Es tu amor que
te ama, son tus adoraciones que te adoran, son tus plegarias que te ruegan, es tu Voluntad que
invistiéndome me hace hacer lo que haces Tú, para dártelas nuevamente como cosas tuyas”.
(5) Jesús ha hecho silencio, pero después, como tomado por un énfasis irresistible de amor
ha agregado:
(6) “¡Oh! potencia de mi Voluntad, cómo eres grande, Tú sola unes al ser más grande, más
alto, con el ser más pequeño y más bajo y de ellos formas uno solo. Tú sola tienes la virtud de
vaciar a la criatura de todo lo que no te pertenece, para poder con tus reflejos formar en ella
aquel Sol Eterno, que con sus rayos, llenando Cielo y tierra, va a confundirse con el Sol de la
Majestad Suprema. Tú sola tienes esta virtud de comunicar la Fuerza Suprema, de tal modo
que pueda con tu fuerza elevarse la criatura a aquel acto único del Dios Creador. ¡Ah! hija mía,
la criatura cuando no vive en la unidad de mi Voluntad, pierde la fuerza única y queda como
desunida de aquella fuerza que llena Cielo y tierra y sostiene a todo el universo como si fuera la
más pequeña pluma. Ahora, cuando el alma no se hace dominar por mi Voluntad, pierde la
fuerza única en todas sus acciones, por lo tanto no saliendo de una sola fuerza, todos sus actos
quedan divididos entre ellos, dividido el amor, separada la acción, desunida la plegaria, así que
todos los actos de la criatura, estando divididos, son pobres, mezquinos, sin luz, así que la
paciencia es pobre, la caridad es débil, la obediencia es imperfecta, la humildad es ciega, la
plegaria es muda, el sacrificio es sin vida, sin vigor, porque faltando mi Voluntad falta la fuerza
única que uniendo todo, da la misma fuerza a cada uno de los actos de las criaturas, y por eso
no sólo quedan divididos entre ellos, sino que quedan viciados por la voluntad humana, y por
eso queda cada uno con su defecto. Esto le sucedió a Adán, con el sustraerse de la Voluntad
Suprema perdió la fuerza única de su Creador, y quedando con su fuerza humana limitada,
sentía el cansancio en su obrar, mucho más, pues la fuerza que usaba para cumplir una acción
lo debilitaba, y debiendo hacer otra acción no sentía la fuerza, así que tocó con la mano la
pobreza de sus acciones, que no teniendo la misma fuerza, no sólo estaban divididas, sino que
cada una tenía su defecto. Sucedió como a un rico señor que posee propiedades extensísimas,
mientras éstas son de un solo dueño, él hace alarde, hace grandes gastos, quién sabe cuantos
siervos mantiene y con los grandes réditos que recibe hace siempre nuevas adquisiciones. Pero
supón que esta propiedad fuese dividida con otros herederos, he aquí que está ya perdida su
gran fuerza, no puede hacer alarde como antes ni hacer nuevas adquisiciones, se debe limitar
en los gastos, sus siervos son pocos, así que su grandeza, su señorío ha desaparecido, apenas
le quedan las trazas. Así le sucedió a Adán, con el sustraerse de mi Voluntad perdió la fuerza
única de su Creador, y con esto perdió su señorío, su dominio, no sintió más la fuerza de hacer
alarde en el bien. Así sucede para quien no está del todo abandonado en brazos de mi Voluntad,
porque con Ella la fuerza del bien se convierte en naturaleza y la pobreza no existe”.
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19-46
Agosto 12, 1926
El Querer Divino no puede reinar si las tres
potencias del alma no están ordenadas con Dios.
(1) Las privaciones de mi dulce Jesús se van haciendo más largas, ¡oh, cómo me hace anhelar
su retorno! ¡Cómo las horas, los días, me parecen siglos sin Él, pero siglos de noches, no de
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