serán los hilos, la fuerza de la electricidad será el mismo Fiat, que con una rapidez encantadora
formará la luz que alejará la noche de la voluntad humana, las tinieblas de las pasiones. ¡Oh,
cómo será bella la luz de mi Voluntad! Al verla se dispondrán los aparejos en las almas para
unir a ellas los hilos de las enseñanzas, para gozar y recibir la fuerza de la luz que contiene la
electricidad de mi Querer Supremo. ¿Quieres ver cómo sucederá? Mira, Yo tomo un hilo de
mis enseñanzas atado a tu alma, y tú emites tu voz dentro del hilo, di, ‘te amo’, ‘te adoro’, ‘te
bendigo’, lo que quieras decir, y sé atenta a mirar”.
(5) Yo he dicho ‘te amo’ y aquel ‘te amo’ se cambiaba en caracteres de luz, y la fuerza eléctrica
del Supremo Querer lo multiplicaba, de modo que aquel ‘te amo’ de luz recorría toda la bóveda
de los cielos, se fijaba en el sol, en cada estrella, penetraba en los Cielos, se fijaba en cada uno
de los bienaventurados, formaba su corona de luz a los pies del trono divino y entraba hasta en
el seno de la Majestad Suprema, en suma donde se encontraba la Divina Voluntad, y por todas
partes formaba su luz eléctrica. Y Jesús retomando la palabra me ha dicho:
(6) “Hija mía, ¿has visto qué fuerza tiene la electricidad del Fiat Supremo y cómo llega a todas
partes? La electricidad de la tierra a lo más se difunde en lo bajo, no tiene la fuerza de llegar
hasta las estrellas, pero la fuerza de mi electricidad se difunde en lo bajo, en lo alto, en los
corazones, dondequiera, y cuando se dispongan los hilos, con qué rapidez encantadora hará su
camino en medio a las criaturas”.
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19-45
Agosto 8, 1926
Por cuanto más el alma está fundida con Dios, tanto más puede
darle, y tanto más ella puede tomar. Ejemplo del mar y el riachuelo.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, me sentía toda abandonada en los brazos de Jesús,
y Él, moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, por cuanto más el alma está fundida Conmigo, tanto más Yo puedo darle y ella
puede tomar de Mí. Sucede como entre el mar y el riachuelo, separado éste del mar sólo por
una pared; están tan cerca, que si se quitase esta pared, el mar y el riachuelo se volverían un
solo mar. Ahora, si el mar desborda, el riachuelo estando cerca, recibe las aguas del mar; si las
olas fragorosas se levantan, al descender descargan en el riachuelo; el agua del mar se filtra a
través de las fisuras de la pared, así que el pequeño riachuelo recibe siempre del mar, y como
él es pequeño se llena siempre más con esta agua que recibe del mar y da nuevamente al mar
el agua recibida, para recibirla de nuevo. Pero esto sucede porque el riachuelo está cercano al
mar, si estuviese lejano, ni el mar podría dar ni él podría recibir, la lejanía lo pondría en tal
condición que ni siquiera podría conocer el mar”.
(3) Pero mientras esto decía, ponía delante a mi mente la imagen del mar y del pequeño
riachuelo y entonces ha vuelto a decir:
(4) “Hija mía, el mar es Dios, el pequeño riachuelo es el alma, la pared que divide el uno del
otro es la naturaleza humana que hace distinguir a Dios y a la criatura; los desbordamientos, las
olas que continuamente se levantan para descargar en el riachuelo son mi Divina Voluntad que
quiere dar tanto a la criatura, para hacer que el pequeño riachuelo, llenándose e hinchándose,
desborde, forme sus olas levantadas por el viento de la Suprema Voluntad y se viertan en el mar
divino para llenarse nuevamente, de modo que puede decir: ‘Hago la vida del mar, y si bien soy
pequeño, también yo hago lo que él hace, desbordo, formo mis olas, me levanto y busco dar al
mar lo que él me da’. Así que el alma que está fundida Conmigo y se hace dominar por mi