19-43
Agosto 1, 1926
El secreto de Jesús. La fuerza y el bien de su secreto.
(1) Estaba suspirando por mi dulce bien, la Vida de mi vida, y no viniendo pensaba entre mí:
“¡Cómo es dura su privación! ¡Ah! Jesús no me quiere más, y no sólo han terminado las caricias,
los besos, sus grandes demostraciones de amor que con tanta abundancia me daba antes, sino
también su amable y arrobadora presencia se hace siempre esperar”. ¡Oh Dios, qué pena, qué
martirio continuado, qué vida sin vida, sin aire, sin respiro! Jesús mío, ten piedad de mí, de tu
pequeña exiliada”. Pero mientras esto y otras cosas pensaba, mi siempre amable Jesús ha
salido de dentro de mi interior y apoyando sus brazos sobre mi pecho me ha dicho:
(2) “Hija mía, tú te engañas diciendo que no te quiero como antes, más bien tú debes saber
que mis besos, caricias, demostraciones de amor que te hacía eran el desahogo de mi amor,
que no pudiendo contenerlo en mi interior, te lo demostraba con tantos signos amorosos, y como
entre tú y Yo no había un gran trabajo que realizar, me divertía contigo con tantas señales y
estratagemas de amor, pero esto servía para prepararte al gran trabajo que entre tú y Yo se
debía desarrollar, y cuando se trabaja no hay tiempo de divertirse, pero con todo y esto el amor
no cesa, sino que viene centuplicado, reafirmado y sellado. Ahora hija mía, habiéndote
demostrado el desahogo de mi amor contenido, he querido pasar a darte lo que contenía dentro
de Mí, he querido comunicarte el gran secreto del Reino de mi Voluntad, dándote los bienes que
él contiene. Y cuando se comunican secretos importantes, y siendo este el secreto más
importante de toda la historia de la Creación, se hacen a un lado las diversiones, besos y
caricias, mucho más que el trabajo del Reino del Supremo Querer es exuberante y el más grande
que puede existir en toda la historia del mundo. Por lo tanto, el manifestarte mi secreto supera
todos los amores juntos, porque en el secreto está la participación de la propia vida, de los
propios bienes; en el secreto hay confianza, hay esperanza; ¿y te parece poco que tu Jesús
tenga confianza en ti, y que tú seas el objeto de mi esperanza? Pero no de una confianza y
esperanza cualquiera, sino la confianza de confiarte el Reino de mi Querer, la esperanza que
pongas a salvo los derechos de Él, que lo hagas conocer. Ahora, habiéndote confiado el secreto
de mi Voluntad, la cual es la parte esencial de la Vida Divina, y Yo no sabría darte cosa más
grande que ésta, ¿cómo dices entonces que te amo menos que antes? Debes decir más bien
que es el gran trabajo que se requiere de ti y de Mí en el Reino de mi Voluntad. Tú debes saber
que estoy siempre ocupado y todo atento a trabajar en ti, ahora ensancho tu capacidad, ahora
te enseño, muchas veces paso a trabajar junto contigo, otras veces te suplo, en suma, estoy
siempre ocupado, y esto dice que te amo siempre más, pero con amor más fuerte y sustancioso”.
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19-44
Agosto 4, 1926
Quien está en la Divina Voluntad, dondequiera que se
encuentre está al seguro, porque en Ella hay cuatro planos.
(1) Mis días, mis horas están siempre bajo la opresión de durísimas privaciones de mi dulce
Jesús. ¡Oh! cómo es doloroso pasar de la luz a las tinieblas, y mientras se cree deber gozar de
la luz, como relámpago huye y se queda más a lo oscuro que antes. Ahora, mientras me
encontraba bajo la dura pena de la privación de la luz de mi dulce Jesús, y sintiendo que no
podía más, mi amada Vida, mi sumo bien se ha movido en mi interior, y yo sintiéndolo le he
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