descontenta, pero no tenía ánimo de hacerlo, mucho más porque la obediencia no lo consentía.
Mientras me encontraba entre estas amarguras, primero ha venido una luz, con una voz que
decía:
(3) “A medida que el hombre se entromete en las cosas terrenas, así se aleja y pierde la
estima de los bienes eternos. Yo he dado las riquezas para que se sirvan de ellas para su
santificación, pero se han servido de ellas para ofenderme y formar un ídolo para su corazón, y
yo destruiré a las personas y a las riquezas junto con ellas”.
(4) Después de esto he visto a mi amadísimo Jesús, pero tan sufriente, ofendido y airado con
las gentes, que daba terror. Yo súbito he comenzado a decirle: “Señor, te ofrezco tus llagas, tu
sangre, el uso santísimo de tus santísimos sentidos que hiciste en el curso de tu vida mortal,
para repararte las ofensas y el mal uso de los sentidos que hacen las criaturas”.
(5) Y Jesús, tomando un aspecto serio y casi airado ha dicho:
(6) “¿Sabes tú cómo han llegado a ser los sentidos de las criaturas? Como aquellos rugidos
de las bestias feroces, que con sus rugidos alejan a los hombres en vez de atraerlos. Es tanta
la podredumbre y la multiplicidad de las culpas que sale de sus sentidos, que me obligan a huir”.
(7) Y yo: “¡Ah! Señor, como te veo enojado. Si Tú quieres continuar mandando castigos, yo
me quiero ir al Cielo, o bien quiero salir de este estado. ¿En qué aprovecha estar en él si ya no
puedo más ofrecerme víctima para librar a las gentes?” Y Él, hablándome serio, tanto que me
sentía aterrar, me ha dicho:
(8) “Tú quieres tocar los dos extremos, o que no haga nada, o que tú te quieres venir. ¿No te
contentas conque las gentes sean perdonadas en parte? ¿Crees tú que Corato sea el mejor y
el que menos me ofende? ¿Y el que lo haya perdonado en parte en comparación de las otras
ciudades es cosa de nada? Por eso conténtate y cálmate, y mientras Yo me ocupo en castigar
a las gentes, tú acompáñame con tus suspiros y con tus sufrimientos, pidiéndome que los
mismos castigos sirvan para la conversión de los pueblos”.
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2-85
Octubre 22, 1899
La cruz, un camino tachonado de estrellas.
(1) Continúa Jesús haciéndose ver afligido. En cuanto ha venido se ha arrojado en mis brazos,
todo extenuado como queriendo un alivio. Me ha participado un poco de sus sufrimientos y
después me ha dicho:
(2) “Hija mía, el camino de la cruz es un camino lleno de estrellas, conforme se camina, esas
estrellas se cambian en soles luminosísimos. ¿Qué felicidad será para el alma por toda la
eternidad el estar circundada por estos soles? Además, el premio grande que doy a la cruz es
tal, que no hay medida, ni de largo ni de ancho, es casi incomprensible a las mentes humanas,
y esto porque al soportar las cruces no puede haber nada de humano, sino todo divino”.
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2-86
Octubre 24, 1899
El hombre es una reproducción del Ser Divino.
(1) Esta mañana mi adorable Jesús ha venido y me ha transportado fuera de mí misma, en
medio a las gentes, y parecía que Jesús miraba con ojos de compasión a las criaturas, y los
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