veces no te has espantado? Y temblando ante los bienes inmensos y la santidad toda divina
del Reino del Fiat Supremo querías retirarte diciéndome: ‘Jesús, piensa en cualquier otra
criatura, yo soy incapaz’. No te espantó tanto el sufrir, al contrario, muchas veces me has
rogado, incitado a que te hiciese sufrir, y por eso mi más que paterna bondad, como a una
segunda madre mía, a la cual le oculté que iba a concebirme en su seno, primero la preparé, la
formé, para no hacerla espantar, y cuando llegó el tiempo oportuno, en el mismo momento en
que Yo debía concebirme, entonces se lo hice saber por medio del ángel, y si bien en el primer
momento tembló y se conturbó, pero pronto se serenó, porque estaba habituada a vivir junto
con su Dios, en medio a su luz y delante a su santidad. Así he hecho contigo, por tantos años
y años te oculté que quería formar en ti este Reino supremo, te preparé, te formé, me encerré
en ti, en el fondo de tu alma para formarlo, y cuando todo estuvo hecho te manifesté el secreto,
te hablé de tu misión especial, te pedí en modo formal si querías aceptar el vivir en mi Voluntad,
y si bien tú temías y temblabas, Yo te alentaba y te tranquilizaba diciéndote: ‘¿Por qué te turbas?
¿Tal vez no has vivido hasta ahora junto Conmigo en el Reino de mi Querer?’ Y tú
tranquilizándote tomabas más práctica en vivir en él y Yo me deleitaba con ensanchar siempre
más los confines de mi Reino, porque está establecido hasta dónde la criatura debe tomar
posesión en este Reino, puesto que son interminables sus confines, y la criatura es incapaz de
poderlos abrazar todos, porque es limitada”.
(4) Y yo: “Amor mío, no obstante mis temores no han cesado del todo, y a veces me espanto
tanto, que temo llegar a ser un segundo Adán”.
(5) Y Jesús: “Hija mía, no temas, tú tienes más ayuda que la que tenía Adán, tienes la ayuda
de un Dios Humanado y todas sus obras y penas para tu defensa, para tu sostén, para tu cortejo,
lo que no tenía él, ¿por qué entonces quieres temer? Más bien sé atenta a la santidad que
conviene para vivir en este Reino celestial, a tu felicidad y fortuna, pues viviendo en él te basta
una mirada, oír una sola palabra mía para comprender sus bienes, mientras que quienes están
fuera, se puede decir que entienden sólo que existe el Reino de mi Voluntad, pero de lo que está
dentro, y qué se necesita para hacerlo comprender, apenas el alfabeto de mi Voluntad pueden
entender”.
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19-39
Julio 20, 1926
La palabra de Jesús es trabajo, su silencio es reposo.
El reposo de Jesús en medio de sus obras
(1) Continuaba sintiéndome toda abandonada en el Supremo Querer, mi siempre amable
Jesús se hacía ver todo en silencio, en acto de mirar toda la Creación, todas sus obras, y
mientras las miraba quedaba como raptado profundamente ante la magnificencia, santidad,
multiplicidad y grandeza de sus obras, y yo junto con Jesús guardaba un profundo silencio al
mirar sus obras, muchas cosas se comprendían, pero todo quedaba en el fondo de la
inteligencia, sin palabras para poderlas decir. ¡Cómo era bello estar junto con Jesús en un
profundo silencio! Después de esto mi amado bien, mi dulce vida me ha dicho:
(2) “Hija mía amadísima, tú debes saber que mi palabra es trabajo, mi silencio es reposo, y
no solamente para Mí es trabajo mi palabra, sino también para ti, y es mi costumbre que después
de haber trabajado quiero reposarme en medio de mis mismas obras, ellas son el lecho más
blando en mi reposo, y como tú has escuchado mi palabra y has trabajado junto Conmigo, por
eso junto Conmigo toma reposo. Mira hija mía cómo es bella toda la Creación, fue la palabra