hacer conocer cuánto te costó a ti y a Mí este Reino, y así por el costo puedan conocer cuánto
amo el que hagan adquisición de él, y por el costo puedan apreciarlo y amarlo y aspirar a entrar
a vivir en el Reino de mi Suprema Voluntad”.
(6) Esto lo he escrito por obedecer, pero ha sido tanto el esfuerzo, que apenas he podido
señalar algo de mi pobre existencia, ya que por la gran renuencia me siento helar la sangre en
las venas, pero me conviene repetir siempre: ¡Fiat, Fiat, Fiat!
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19-37
Julio 14, 1926
Cómo Jesús tenía preparado el Reino de su Voluntad en su Humanidad,
para darlo de nuevo a las criaturas. Todos los intereses, divinos y
humanos están en peligro si no se vive en la Divina Voluntad.
(1) Continúo fundiéndome en el Santo Querer, mi dulce Jesús muchas veces me acompaña
en la repetición de estos actos, otras veces sólo está para ver si alguna cosa se me escapa de
todo lo que ha hecho, sea en la Creación como en la Redención, y si esto sucede, Él con toda
bondad me la hace presente a fin de que yo ponga en eso aunque sea un pequeño “te amo”, un
gracias, una adoración, diciéndome que es necesario reconocer hasta dónde su Voluntad ha
extendido los confines del Reino de su Querer por amor de la criatura, a fin de que ella gire en
este Reino para gozárselo, y con su amor se vuelva más estable su posesión, y viéndola siempre
en Él, todos, Cielo y tierra puedan reconocer que el Reino de mi Voluntad ya tiene su heredera,
y que lo ama y es feliz de poseerlo.
(2) Ahora, mientras me sentía abismada en este Eterno Querer, mi amable Jesús se hacía
ver con su corazón abierto, y a cada latido suyo salía un rayo de luz, en cuya punta se veía
impreso un Fiat, y así como el latido del corazón es continuo, mientras salía un rayo otro le
seguía y después otro más, no terminaban jamás de salir. Estos rayos invadían Cielo y tierra,
pero todos llevaban impreso el Fiat, y no sólo de su corazón salían estos rayos, sino también de
los ojos, conforme miraba salían rayos, conforme hablaba, cuando movía sus manos y pies
salían rayos llevando todos como gloria y triunfo el Fiat Supremo. Ver a Jesús era un encanto,
bello, todo transfundido en estos rayos de luz que salían de su adorable persona, pero lo que
ponía la suntuosidad, la majestad, la magnificencia, la gloria, la belleza, era el Fiat. Su luz me
eclipsaba y yo habría permanecido siglos delante a Jesús sin decirle nada si Él mismo no
hubiese roto el silencio diciéndome:
(3) “Hija mía, la perfecta gloria y el honor completo a mi Voluntad lo dio mi Humanidad, fue
propiamente en mi interior, en el centro de este corazón, donde formé el Reino del Querer
Supremo; y como el hombre lo había perdido no había esperanza de poderlo readquirir, mi
Humanidad lo readquirió con penas íntimas e inauditas, dándole todos los honores debidos y la
gloria que le había sido quitada por la criatura, para darlo de nuevo a ella. Así que el Reino de
mi Voluntad fue formado dentro de mi Humanidad, por eso todo lo que era formado en mi
Humanidad y salía fuera, llevaba la marca del Fiat, cada pensamiento, mirada, respiro, latido,
cada gota de mi sangre, todo, todo llevaba el sello del Fiat de mi Reino supremo; esto me daba
tanta gloria y me embellecía tanto, que Cielo y tierra quedaban por debajo y como obscurecidos
ante Mí, porque mi Voluntad Divina es superior a todo y todo queda por debajo de Ella como su
escabel. Ahora, en el transcurso de los siglos Yo miraba a quien debía confiar este Reino, y he
estado como una madre embarazada, que sufre, que se duele porque quería dar a luz su parto
y no podía; pobre madre, cuánto sufre porque no puede gozarse el fruto de sus entrañas, mucho
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