más que habiendo madurado este parto y no saliendo, su existencia está siempre en peligro.
Así Yo, más que madre embarazada he estado por tantos siglos, cuánto he sufrido, cómo he
penado al ver en peligro los intereses de mi gloria, tanto de la Creación como de la Redención,
mucho más que este reino lo tenía como en secreto y escondido en mi corazón, sin tener ni
siquiera el desahogo de manifestarlo, y esto me hacía sufrir de más, porque no viendo en las
criaturas las verdaderas disposiciones para poder dar este mi parto, y no habiendo tomado ellos
todos los bienes que hay en el Reino de la Redención, no podía arriesgarme a darles el Reino
de mi Voluntad que contiene bienes más grandes, mucho más que los bienes de la Redención
servirán como ajuar, como antídoto, para hacer que entrando en el Reino de mi Voluntad no
puedan repetir una segunda caída, como hizo Adán. Así que si no todos estos bienes han sido
tomados, sino más bien menospreciados y pisoteados, ¿cómo podía salir de dentro de mi
Humanidad este parto de mi Reino? Por eso me he tenido que contentar con penar, con sufrir
y esperar más que una madre para no poner en peligro mi amado parto de mi Reino; sufriendo
porque quería ponerlo fuera para hacer don de él a la criatura y poner al seguro los intereses de
la Creación y Redención, pues están todos en peligro, porque hasta en tanto que el hombre no
regrese al Reino del Supremo Querer, nuestros intereses y los suyos estarán siempre
peligrando. El hombre fuera de nuestra Voluntad es siempre un desorden en nuestra obra
Creadora, una nota discordante que quita la perfecta armonía a la santidad de nuestras obras,
y por eso Yo miraba a través de los siglos, esperando a mi pequeña recién nacida en el Reino
de mi Voluntad, poniéndole en torno todos los bienes de la Redención para seguridad del Reino
de mi Voluntad, y más que madre doliente que tanto ha sufrido, te confío a ti este mi parto y la
suerte de este mi Reino. Y no sólo mi Humanidad es la que quiere dar a luz este parto que me
cuesta tanto, sino toda la Creación está preñada de mi Voluntad, y sufre porque quiere darla a
luz a las criaturas para restablecer el Reino de su Dios en medio de ellas, por tanto la Creación
es como un velo que esconde como un parto a mi Voluntad, y las criaturas toman el velo y
rechazan el parto que hay dentro; preñado de mi Voluntad está el sol, y mientras toman los
efectos de la luz, que como velo esconde a mi Voluntad, los bienes que produce, rechazan
después mi Voluntad, no la reconocen ni se hacen dominar por Ella, así que toman los bienes
naturales que hay en el sol, pero los bienes del alma, el Reino de mi Querer que reina en el sol
y que quiere darse a ellos lo rechazan; ¡oh, cómo sufre mi Voluntad en el sol, la cual quiere ser
dada a luz desde la altura de la esfera para reinar en medio a las criaturas; preñado de mi
Voluntad está el cielo, que mira con sus ojos de luz, como son las estrellas, a las criaturas, para
ver si quieren recibir a mi Voluntad para que reine en medio de ellas; preñado de mi Voluntad
está el mar, que con sus olas fragorosas se hace oír y las aguas como velo esconden a mi
Voluntad, pero el hombre se sirve del mar, toma sus peces, pero no tiene cuidado de mi Voluntad
y la hace sufrir como parto reprimido en las entrañas de las aguas. Así que todos los elementos
están preñados de mi Voluntad: El viento, el fuego, la flor, toda la tierra, todos son velos que la
esconden. Ahora, ¿quién dará este desahogo y alivio a mi Humanidad? ¿Quién romperá estos
velos de tantas cosas creadas que la esconden? ¿Quién reconocerá en todas las cosas al
portador de mi Voluntad y haciéndole los debidos honores la haga reinar en su alma, dándole el
dominio y su sujeción? Por eso hija mía sé atenta, da este contento a tu Jesús que hasta ahora
ha estado sufriendo por poner fuera este parto de mi Reino supremo, y junto Conmigo toda la
Creación, como un acto solo romperá los velos y depositará en ti el parto de mi Voluntad que
esconden”.
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