desgarrador, más que cualquier muerte dolorosísima, pero como Ella poseía la unidad de la luz
de mi Querer, esta luz llevaba a su corazón traspasado no sólo las siete espadas que dice la
Iglesia, sino todas las espadas, las lanzas, los pinchazos de todas las culpas y penas de las
criaturas, que martirizaban en modo desgarrador su materno corazón; pero esto es nada, esta
luz le llevaba todas mis penas, mis humillaciones, mis aflicciones, mis espinas, mis clavos, las
penas más íntimas de mi corazón. El corazón de mi Mamá era el verdadero sol, que mientras
se ve sólo luz, esta luz contiene todos los bienes y efectos que recibe y posee la tierra, así que
se puede decir que la tierra está encerrada en el sol; así la Soberana Reina, se veía solamente
su persona, pero la luz de mi Supremo Querer encerraba en Ella todas las penas posibles e
imaginables, y por cuanto más íntimas y desconocidas estas penas, tanto más estimables y más
potentes sobre el Corazón Divino para impetrar el suspirado Redentor, y más que luz solar
descendían en los corazones de las criaturas para conquistarlas y atarlas en el Reino de la
Redención. Así que la Iglesia de las penas de la Celestial Soberana conoce tan poco, que se
puede decir que son sólo las penas aparentes, y por eso da el número de siete espadas, pero
si conociera que su materno corazón era el refugio, el depósito de todas las penas, que la luz
de mi Voluntad todo le llevaba y nada le ahorraba, no habría dicho siete espadas, sino millones
de espadas, mucho más que siendo penas íntimas, sólo Dios conoce la intensidad del dolor de
ellas, y por eso con derecho fue constituida Reina de los mártires y de todos los dolores; las
criaturas saben dar el peso, el valor a las penas externas, pero de las internas no atinan a darles
el justo valor. Ahora, para formar en mi Mamá primero el Reino de mi Voluntad y después el de
la Redención, no eran necesarias tantas penas, porque no teniendo culpas, la herencia de las
penas no era para Ella, su herencia era el Reino de mi Voluntad, pero para dar el reino de la
Redención a las criaturas, debió sujetarse a tantas penas, así que los frutos de la Redención
fueron madurados en el reino de mi Voluntad poseído por Mí y por mi Mamá. No hay cosa bella,
buena y útil que no salga de mi Voluntad. Ahora, unida a la Soberana Reina vino mi Humanidad,
Ella quedó escondida en Mí, en mis dolores, en mis penas, por eso poco se conoció de Ella,
pero de mi Humanidad fue necesario que se conociera lo que Yo hice, cuánto sufrí y cuánto
amé, si nada se conociera no habría podido formar el Reino de la Redención, el conocimiento
de mis penas y de mi Amor es imán y estímulo, incitación, luz para atraer a las almas a tomar
los remedios, los bienes que en Ella hay; el saber cuánto me cuestan sus culpas, su salvación,
es cadena que los ata a Mí e impide nuevas culpas. Si en cambio nada hubieran sabido de mis
penas y de mi muerte, no conociendo cuánto me ha costado su salvación, ninguno habría tenido
el pensamiento de amarme y de salvar su alma. ¿Ves entonces cuánto es necesario el hacer
conocer cuánto ha hecho y sufrido aquél o aquélla que ha formado en sí un bien universal para
darlo a los demás?
(5) Ahora hija mía, así como fue necesario hacer conocer quien fue Aquél y Aquélla y cuánto
les costó formar el Reino de la Redención, así es necesario hacer conocer a aquélla a la cual mi
paterna bondad ha escogido primera para formar en ella el Reino del Fiat Supremo, y después
dar el principio de la transmisión a los demás, así como fue para la Redención, que primero fue
formada entre Yo y mi Mamá Celestial y después fue conocida por las criaturas, así será del Fiat
Supremo, por lo tanto es necesario hacer conocer cuánto me cuesta este Reino de mi Voluntad,
y para hacer que el hombre pudiera entrar de nuevo en su Reino perdido, he debido sacrificar a
la más pequeña de las criaturas, tenerla clavada por cuarenta años y más dentro de un lecho,
sin aire, sin la plenitud de la luz del sol que todos gozan, cómo su pequeño corazón ha sido el
refugio de mis penas y de aquéllas de las criaturas, cómo ha amado a todos, rogado por todos,
defendido a todos y cuántas veces se ha expuesto a los golpes de la Justicia Divina para
defender a todos sus hermanos, y además sus penas íntimas, mis mismas privaciones que
martirizaban su pequeño corazón, dándole muerte continua, porque no conociendo otra vida que
la mía, otro Querer que el mío, todas estas penas arrojaban los fundamentos del Reino de mi
Voluntad, y como rayos solares maduraban los frutos del Fiat Supremo, por eso es necesario