todos los maestros, y quien se hace enseñar por ella aprende la ciencia de la verdadera
santidad”.
(17) En suma, la esperanza nos suministra todo, de modo que, si uno es débil, le dará la
fuerza; si otro está manchado, la esperanza instituyó los Sacramentos y ahí preparó el lavado
de sus manchas; si siente hambre y sed, esta Madre piadosa nos da el alimento más bello, más
sabroso, como son sus delicadísimas carnes y por bebida su preciosísima sangre. ¿Qué otra
cosa de más puede hacer esta madre pacífica de la esperanza? ¿Quién se le asemejará? ¡Ah!,
Sólo ella ha puesto en paz el Cielo y la tierra, la esperanza ha unido con ella la fe y la caridad y
ha formado ese anillo indisoluble entre la naturaleza humana y la Divina. ¿Pero quién es esta
Madre? ¿Quién es esta esperanza? Es Jesucristo, que obró nuestra Redención y formó la
esperanza del hombre descarriado.
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2-83
Octubre 16, 1899
Expectaciones. Jesús habla de castigos.
(1) Esta mañana mi dulce Jesús no venía y desde ayer en la noche no lo he visto, cuando se
hizo ver con un aspecto que daba piedad y terror al mismo tiempo, se quería esconder para no
ver los castigos que Él mismo estaba mandando a la gente y el modo como debía destruirlas.
¡Oh Dios, qué espectáculo tan desgarrador, jamás visto! Mientras esperaba y esperaba, en mi
interior iba diciendo: “¿Cómo es que no viene? Quién sabe, tal vez no venga porque yo no me
conformo a su justicia, ¿pero, cómo puedo hacerlo? Me parece casi imposible decir “Fiat
Voluntas Tua”. Decía también: “No viene porque el confesor no me lo manda”. Ahora, mientras
esto pensaba, cuando apenas y casi su sombra he visto, me ha dicho:
(2) “No temas, la potestad a los sacerdotes es limitada; sólo que en la medida que se presten
a pedirme que venga a ti y a ofrecerte para hacerte sufrir con el fin de lograr que perdone a las
gentes, así Yo, cuando envíe los castigos los curaré y los libraré, pero si no se dan ningún
pensamiento, tampoco Yo tendré consideración por ellos”.
(3) Dicho esto ha desaparecido, dejándome en un mar de aflicción y de lágrimas.
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2-84
Octubre 21, 1899
Los bienes terrenos deben servir para la santificación,
no para ser ídolos para el hombre. Causa de los castigos.
(1) Después de haber pasado días amarguísimos de privación, me sentía cansada y sin
fuerzas, si bien iba ofreciendo estas mismas penas diciendo: “Señor, Tú sabes cuánto me cuesta
el estar privada de Ti, pero me resigno a tu Santa Voluntad, ofreciendo esta pena acerbísima
como medio para atestiguarte mi amor y aplacarte. Estos tedios, fastidios, flaquezas, frialdades
que siento, tengo intención de enviártelos como mensajeros de alabanzas y de reparaciones por
mí y por todas las criaturas; esto tengo y esto te ofrezco. Es cierto que Tú aceptas el sacrificio
de la buena voluntad cuando se te ofrece lo que uno puede sin reserva alguna, pero ven, porque
no puedo más”.
(2) Muchas veces me venía la tentación de conformarme a la justicia y pensaba que la causa
por la que no venía era yo misma, porque cuando Jesús, en los días pasados me había dicho
que si no me conformaba lo obligaría a que no viniera y a no decirme más nada para no tenerme