alto, el más inmediato a Dios y que se acerca más a la semejanza divina, estando aún fresca la
caída de Adán, se habrían desalentado todos, y volviéndome las espaldas habrían dicho: ‘Si
Adán inocente no pudo ni tuvo la constancia de vivir en la santidad de este Reino, tanto que se
precipitó él mismo y a todas las generaciones en las miserias, en las pasiones y en males
irreparables, ¿cómo podemos nosotros, culpables, vivir en un Reino tan santo? Bello, sí, pero
podemos decir que no es para nosotros’. Y no solamente esto, sino que mi Voluntad siendo el
punto más alto, se necesitaban los caminos, los medios de transporte, las escaleras, los vestidos
decentes, los alimentos adecuados para poder morar en este Reino. Mi venida a la tierra sirvió
para formar todo esto, así que cada palabra mía, cada obra, pena, oración, ejemplo,
Sacramentos instituidos, eran caminos que formaba, medios de transporte para hacerlos llegar
más rápidamente, escaleras para hacerlos subir, se puede decir que les di los vestidos de mi
Humanidad teñidos de púrpura con mi sangre, para hacerlos estar decentemente vestidos en
este reino tan santo de mi Querer, que la Sabiduría Increada había establecido en la Creación
darlo como herencia del hombre. Por lo tanto, si poco hablé acerca de esto, fue porque cuando
Yo hablo, hablo a tiempo y a circunstancia, en la cual debe estar encerrada en mi palabra la
necesidad y la utilidad del bien que contiene; así que en vez de hablar hice los hechos y me
reservé el hablarte a ti acerca del Reino de mi Voluntad. Ahora, ¿cómo podían poseerlo si no
tenían un pleno conocimiento de Él? Por otra parte, tú debes saber que todas las
manifestaciones que te he hecho sobre Él, sus prodigios, sus bienes, lo que conviene que haga
el alma para poderse establecer en este Reino, mi misma Voluntad expresa que quiero que el
hombre regrese a mi Reino, y cómo todo lo he hecho, la Creación, la Redención, para que
entrase en posesión de mi Reino perdido, son vínculos de transmisión, son puertas para hacerlo
entrar, son donaciones que hago, son leyes, instrucciones de cómo vivir en él, inteligencia para
hacerlos comprender y apreciar el bien que poseen; si todo esto faltaba, ¿cómo podían poseer
este Reino de mi Voluntad? Sería como si un individuo quisiera pasar a vivir en otro Reino sin
pasaporte, sin conocer ni las leyes, ni los modos, ni el dialecto, pobrecito, sería inaccesible su
entrada, y si como intruso entrase, se encontraría tan incómodo que él mismo desearía salir de
este Reino del cual nada conoce.
(4) Ahora hija mía, no te parece a ti más fácil, más alentador, más a la capacidad de la
naturaleza humana, que después de que han conocido el Reino de la Redención donde pueden
curarse los ciegos, los cojos, los enfermos, porque en el Reino de mi Voluntad no entran los
ciegos, sino todos derechos y de florida salud, encontrando todos los medios posibles en el
Reino de la Redención y el mismo pasaporte de mi pasión y muerte para pasar al Reino de mi
Voluntad, animados por la vista de tan gran bien, se decidirán a tomar la posesión de Él. Por
eso sé atenta, no quieras restringir, ni disminuir los bienes que hay en el Reino de mi Voluntad,
y esto lo haces cuando no manifiestas todo lo que te hago conocer, porque el conocimiento es
portador del don, y si ahora soy magnánimo en el conocimiento de mi Voluntad, son dones que
hago, y en estos dones establezco el más o el menos para poner en el reino de mi Voluntad,
para bien de quien debe poseerlo”.
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