(6) En el latido “Voluntad mía”, se formaba un cerco de luz más grande, y en el latido “amor”
otro cerco más pequeño, de manera que el grande encerraba al pequeño; y Jesús mientras yo
dormía tomaba aquellos cercos que formaba su latido y los imprimía en toda mi persona. Yo
me sentía toda reforzada y confirmada en los brazos de Jesús, ¡oh, cómo me sentía feliz! Pero
Jesús estrechándome más fuerte a su pecho me ha despertado y me ha dicho:
(7) “Mi pequeña hija, giremos por toda la Creación, donde el Querer Supremo contiene su
Vida y en cada cosa creada hace su acto distinto, y triunfador, por Sí mismo ensalza y glorifica
en modo perfecto todas las supremas cualidades. Si miras el cielo, tu ojo no sabe descubrir sus
confines, dondequiera que mira es cielo, no sabe decir donde comienza ni donde termina;
imagen de nuestro Ser que no tiene principio ni fin, y nuestra Voluntad alaba, glorifica en el cielo
azul a nuestro Ser Eterno que no tiene principio ni fin; este cielo está adornado de estrellas, esto
es imagen de nuestro Ser, pues igual que la Divinidad es un acto único, el cielo es uno, pero en
la multiplicidad de las estrellas se semeja nuestras obras ‘ad extra’, que descienden de este acto
único y los efectos y las obras de este único acto son innumerables, y nuestra Voluntad en las
estrellas ensalza y glorifica los efectos y la multiplicidad de nuestras obras, en las cuales encierra
a los ángeles, al hombre y a todas las cosas creadas. Mira cómo es bello vivir en mi Querer, en
la unidad de esta luz suprema, y estar al día de lo que significan todas las cosas creadas y
alabar, ensalzar y glorificar al Supremo Creador con su misma Voluntad en todas nuestras
imágenes que cada una de las cosas creadas contiene. Ahora pasa a mirar el sol, bajo la esfera
del cielo se ve una circunferencia de luz limitada que contiene luz y calor, que descendiendo a
lo bajo inviste toda la tierra, esto es imagen de la luz y del amor del Supremo Hacedor que ama
a todos, hace bien a todos y que desde la altura de su Majestad desciende a lo bajo, hasta en
los corazones, hasta en el infierno, pero calladamente, sin estrépito, donde quiera se encuentra,
¡oh, cómo nuestra Voluntad glorifica y ensalza nuestra eterna luz, nuestro amor inextinguible y
nuestra omnividencia; nuestra Voluntad murmura en el mar, y en la inmensidad de las aguas,
que esconden innumerables peces de toda especie y color, glorifica nuestra inmensidad que
todo envuelve y tiene como en un puño a todas las cosas; nuestra Voluntad glorifica la imagen
de nuestra inmutabilidad en la firmeza de los montes; la imagen de nuestra justicia en el ruido
del trueno y en el estallido del rayo; la imagen de nuestra alegría en el pajarillo que canta, que
trina y gorjea; la imagen de nuestro amor gimiente en la tórtola que gime; la imagen de la
continua llamada que hacemos al hombre, en el cordero que bala, diciendo en cada balido: ‘A
Mí, a Mí, ven a Mí, ven a Mí’; y nuestra Voluntad nos glorifica en el continuo reclamo que
hacemos a la criatura. Todas las cosas creadas tienen un símbolo nuestro, una imagen nuestra,
y nuestra Voluntad tiene el empeño de ensalzarnos y glorificarnos en todas nuestras obras,
porque siendo la obra de la Creación obra del Fiat Supremo, convenía a Ella el conservarnos la
gloria en todas las cosas creadas íntegra y permanentemente. Ahora, este empeño, nuestro
Querer Supremo lo quiere dar como herencia a quien debe vivir en la unidad de su luz, porque
no sería conveniente vivir en su luz y no fundirse en los actos del Fiat Supremo, por eso mi
pequeña hija, todas las cosas creadas, y mi Voluntad, te esperan en cada cosa para repetir sus
mismos actos, para glorificar y ensalzar con la misma Voluntad Divina a tu Creador”.
(8) Ahora, ¿quién puede decir todas las imágenes que encierra toda la Creación de nuestro
Creador? Si lo quisiera decir todo no terminaría jamás, por eso, para no alargarme demasiado
solamente he dicho alguna cosa y lo he hecho por obedecer y por temor de desagradar a Jesús.
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