victoriosa has chupado mi Voluntad y mi amor, y como en triunfo has tomado reposo en mis
mismos brazos, y Yo te arrullaba para que fuese más largo tu sueño y así poderme gozar a mi
recién nacida en mis mismos brazos, y triunfante extendía en ti el Reino de mi Voluntad.
También eres la pequeña palomita que has girado y vuelto a girar en torno a Mí, y conforme Yo
te hablaba de mi Querer, te manifestaba los conocimientos de Él, sus bienes y sus prodigios y
hasta su dolor, tú agitabas las alas y precipitándote sobre las tantas semillas que Yo te ponía
delante, tú las engullías y triunfante reemprendías tu vuelo en torno a Mí, esperando otras
semillas de mi Querer que Yo te pusiera delante, y tú, comiéndolas, te nutrías y victoriosa
reemprendías tu vuelo manifestando el reino de mi Voluntad. Así que mis prerrogativas son las
tuyas, mi Reino y el tuyo es uno sólo, hemos sufrido juntos, es justo que juntos gocemos nuestras
conquistas”.
(10) Yo he quedado sorprendida al oír esto y pensaba entre mí: “¿Pero será realmente verdad
que en mi pobre alma esté este Reino de la Voluntad Suprema?” Y me sentía toda confundida,
y si esto lo he escrito, lo he escrito por obedecer, pero mientras escribo Jesús me ha sorprendido,
y saliendo de dentro de mi interior ha puesto sus brazos alrededor de mi cuello, estrechándome
fuerte, fuerte, tanto que no he podido escribir más, porque mi pobre cabeza no estaba más en
mí, pero Jesús pronto ha desaparecido y yo reemprendo la escritura. Después, mientras yo
temía Jesús me ha dicho:
(11) “Hija mía, mi Mamá Celestial pudo darme a los demás porque me concibió en Si misma,
me creció y me nutrió. Ninguno puede dar lo que no tiene, y si me dio a los demás era porque
me poseía. Ahora, jamás te habría dicho tanto sobre mi Querer si no quisiera formar en ti su
Reino, ni tú lo habrías amado tanto si no fuese tuyo; las cosas que no son propias se tienen de
mala gana y dan fastidio y peso, y si no hubieras tenido en ti la fuente que surge del Reino de
mi Querer, no habrías sabido decir lo que te he dicho, ni ponerlo en el papel, faltándote la
posesión te faltaría la luz y el amor de manifestarlas, así que si el sol brilla en ti y con sus rayos
te pone las palabras, los conocimientos y el cómo quiere reinar, es señal que lo posees, y por
eso tu trabajo es de hacerlo conocer, como fue trabajo de la Soberana Reina el hacerme conocer
y el darme para la salvación de todos”.
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19-29
Junio 21, 1926
San Luis fue una flor que surgió de la Humanidad de Nuestro Señor,
abrillantada por los rayos del Divino Querer. Las almas que poseerán
el Reino de la Divina Voluntad tendrán su raíz en el Sol de Ella.
(1) Esta mañana, habiendo recibido la santa Comunión, según mi costumbre la he hecho en
la Santísima Voluntad de Dios, ofreciéndola a mi amado San Luis, no sólo la Comunión sino
todos los bienes que hay en la Santísima Voluntad de Dios para su gloria accidental. Ahora,
mientras esto hacía, veía que todos los bienes que hay en el Querer Supremo, como tantos
rayos de luz, rayos de belleza y de varios colores inundaban al amado santo, dándole una gloria
infinita, y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, Luis es una flor y un santo brotado de la tierra de mi Humanidad y abrillantado
a los reflejos de los rayos del Sol de mi Voluntad, porque mi Humanidad, si bien santa, pura,
noble y unida hipostáticamente al Verbo, pero era tierra, y Luis, más que flor brotó de mi
Humanidad puro, santo, noble, poseyendo la raíz del puro amor, de modo que se puede ver
escrito en cada hoja de su flor, ‘Amor’; pero lo que lo vuelve más bello y deslumbrante son los
rayos de mi Querer, a los cuales estaba siempre expuesto, estos rayos daban tanto desarrollo