pensando y acompañándolo en las penas de su Pasión, especialmente en el momento cuando
Pilatos lo mostró al pueblo diciendo: “Ecce Homo”, mi dulce Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, cuando Pilatos dijo ‘Ecce Homo’, todos gritaron: ‘Crucifícalo, crucifícalo, lo
queremos muerto’. También mi mismo Padre Celestial y mi inseparable y traspasada Mamá, y
no sólo aquellos que estaban presentes sino todos los ausentes y todas las generaciones
pasadas y futuras, y si alguno no lo dijo con la palabra, lo dijo con las acciones, porque no hubo
uno solo que dijera que me querían vivo, y el callar es confirmar lo que quieren los demás. Este
grito de muerte de todos fue para Mí dolorosísimo, Yo sentía tantas muertes por cuantas
personas gritaron crucifícalo, me sentí como ahogado de penas y de muerte, mucho más que
veía que cada una de mis muertes no llevaba a cada uno la vida, y aquellos que recibían la vida
por causa de mi muerte no recibían todo el fruto completo de mi pasión y muerte. Fue tanto mi
dolor, que mi Humanidad gimiente estaba por sucumbir y dar el último respiro, pero mientras
moría, mi Voluntad Suprema con su Omnividencia hizo presentes a mi Humanidad muriente a
todos aquellos que habrían hecho reinar en ellos, con dominio absoluto al Eterno Querer, los
cuales tomarían el fruto completo de mi Pasión y muerte, entre los cuales estaba, a la cabeza,
mi amada Madre, Ella tomó todo el depósito de todos mis bienes y de los frutos que hay en mi
Vida, Pasión y Muerte, ni siquiera un respiro mío perdió y del cual no custodiase el precioso
fruto, y de Ella debían ser transmitidos a la pequeña recién nacida de mi Voluntad y a todos
aquellos en los cuales el Supremo Querer habría tenido su Vida y su Reino. Cuando mi
Humanidad expirante vio puesto a salvo y asegurado el fruto completo de mi Vida, Pasión y
Muerte, pudo reemprender y continuar el curso de la dolorosa Pasión. Así que es sólo mi
Voluntad la que lleva toda la plenitud de mis bienes y el fruto completo que hay en la Creación,
Redención y Santificación. Donde Ella reina, nuestras obras están todas llenas de vida, ninguna
cosa está a la mitad o incompleta, en cambio donde Ella no reina, aunque hubiera alguna virtud,
todo es miseria, todo es incompleto, y si producen algún fruto es amargo y sin maduración, y si
toman los frutos de mi Redención los toman con medida y sin abundancia, y por eso crecen
débiles, enfermos y febriles, y por eso si hacen algún poco de bien, lo hacen a duras penas y se
sienten aplastar bajo el peso de aquel poco de bien que hacen; en cambio mi Voluntad vacía la
voluntad humana y pone en ese vacío la fuerza divina y la vida del bien, y por eso quien la hace
reinar en ella hace el bien sin cansancio, y la Vida que contiene la lleva a obrar el bien con una
fuerza irresistible, así que mi Humanidad encontró la vida en mi Pasión y Muerte y en quien
debía reinar mi Voluntad, y por eso la Creación y la Redención estarán siempre incompletas,
hasta en tanto que mi Voluntad no tenga su Reino en la almas”.
(3) Después de esto estaba haciendo mis acostumbrados actos en el Querer Supremo, y mi
dulce Jesús saliendo de dentro de mi interior seguía con su mirada todo lo que yo hacía, y como
veía que todos mis actos se fundían con los suyos, y en virtud del Querer Supremo hacían el
mismo camino de sus actos y repetían el mismo bien y la misma gloria a nuestro Padre Celestial,
tomado por un énfasis de amor me ha estrechado a su corazón y me ha dicho:
(4) “Hija mía, si bien eres pequeña y recién nacida en mi Voluntad y vives en el reino de mi
Querer, tu pequeñez es mi triunfo, y cuando te veo obrar en Él Yo me encuentro en el Reino de
mi Voluntad como un rey que ha sostenido una larga guerra, y como su ideal era la victoria, al
verse victorioso se siente aliviado de la sangrienta batalla, de las fatigas sufridas y de las heridas
aun impresas en su persona, y su triunfo viene formado al verse circundado de las conquistas
que ha hecho. El rey quiere mirar todo, su mirada quiere recrearse en el Reino conquistado, y
triunfante sonríe y hace fiesta. Así soy Yo, mi ideal en la Creación era el Reino de mi Voluntad
en el alma de la criatura; mi primer fin era el de hacer del hombre otras tantas imágenes de la
Trinidad Divina en virtud del cumplimiento de mi Voluntad sobre de él, pero en cuanto el hombre
se sustrajo de Ella Yo perdí mi Reino en él, y durante seis mil años he debido sostener una larga
batalla, pero por cuan larga no he dejado aparte mi ideal ni mi primera finalidad, ni la dejaré, y
si vine en la Redención, vine para realizar mi ideal y mi primera finalidad, esto es, el Reino de
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