debían hacer por ellos mismos, entonces, ¿qué piensa hacer? Esta madre amorosa se presenta
ante la divina justicia con lágrimas en los ojos, con las voces más tiernas, con las razones más
potentes que su magnánimo corazón le dicta y dice: “Gracia te pido para mis perdidos hijos, no
me resiste el ánimo verlos separados de Mí, a cualquier costo quiero salvarlos, y si bien veo que
no hay otro medio que poner mi propia vida, la quiero poner con tal de que readquieran la de
ellos. ¿Qué cosa quieres de ellos? ¿Reparación? Reparo yo por ellos. ¿Gloria, honor? Yo te
honro y glorifico por ellos. ¿Agradecimientos? Yo te agradezco, todo lo que quieres de ellos te
lo doy Yo, con tal que los pueda tener junto Conmigo reinando”.
(13) La Divinidad queda conmovida al ver las lágrimas, el amor de esta piadosa madre, y
convencida por sus potentes razones se siente inclinada a amar a estos hijos, y lloran juntos su
desventura, y poniéndose de acuerdo concluyen que aceptan el sacrificio de la vida de esta
madre, quedando por ello plenamente satisfechos, para readquirir a estos hijos. No apenas es
firmado el decreto, desciende enseguida del Cielo y viene a la tierra, y dejando sus vestiduras
reales que tenía en el Cielo se viste de las miserias humanas, como si fuese la más vil esclava
y vive en la pobreza más extrema, en los sufrimientos más inauditos, en los desprecios más
insoportables a la naturaleza humana; no hace otra cosa que llorar e interceder por sus amados
hijos. Pero lo que más lo hace a uno quedar asombrado, tanto de esta madre como de estos
hijos, es que mientras ella ama tanto a estos hijos, éstos, en vez de recibir a esta madre con los
brazos abiertos, ya que viene a salvarlos, hacen lo contrario; ninguno la quiere recibir ni
reconocer, es más, la obligan a ir errante, la desprecian y empiezan a planear cómo matar a
esta madre tan tierna y excesivamente amante de ellos. ¿Qué hará esta madre tan tierna al
verse tan malamente correspondida por sus ingratos hijos? ¿Se detendrá acaso? ¡Ah! no, más
bien se enciende más de amor por ellos y corre de un punto a otro para reunirlos y ponérselos
en su regazo. ¡Oh, cómo se fatiga, cómo se cansa, hasta gotear sudor, no sólo de agua sino
también de sangre! No se da un momento de tregua, está siempre en actitud de efectuar su
salvación, provee a todas sus necesidades, remedia todos sus males pasados, presentes y
futuros; en suma, no hay cosa que no ordene y disponga para su bien.
(14) ¿Pero qué cosa hacen estos hijos? ¿Se han tal vez arrepentido de la ingratitud que
tuvieron al recibirla? ¿Han cambiado sus pensamientos en favor de esta madre? ¡Ah! no, la
miran con malos ojos, la deshonran con las calumnias más negras, le procuran oprobios,
desprecios, confusiones, la golpean con todo tipo de flagelos, reduciéndola toda a una llaga, y
terminan con hacerla morir con una muerte, la más infame que se pueda encontrar, en medio
de crueles espasmos y dolores. Pero, ¿qué cosa hace esta madre en medio de tantas penas?
¿Odiará tal vez a estos hijos tan rebeldes e insolentes? ¡Ah no, jamás!, ahora más que nunca
los ama extremadamente, ofrece sus penas por su misma salvación y expira con la palabra de
la paz y del perdón.
(15) ¡Oh! Madre mía bella, ¡oh amada esperanza, cuán amable eres en ti misma, yo te amo!
¡Ah! Tenme siempre en tu regazo y seré la más feliz del mundo. Mientras estoy determinada a
dejar de hablar de la esperanza, una voz me resuena por todas partes que dice:
(16) “La esperanza contiene todo el bien presente y futuro, y quien vive en su regazo y crece
sobre sus rodillas, todo lo que quiere obtiene. ¿Qué cosa quiere el alma: gloria, honor? La
esperanza le dará todo el honor y la gloria más grande en la tierra, ante todas las gentes, y en
el Cielo la glorificará eternamente. ¿Querrá tal vez riqueza? ¡Oh! Esta madre esperanza es
riquísima, y lo que es más, dando sus bienes a sus hijos, no disminuyen sus riquezas en nada;
además, estas riquezas no son fugaces y pasajeras, sino eternas. ¿Querrá placeres, contentos?
¡Ah! Sí, esta esperanza contiene en sí todos los placeres y gustos posibles, que se puedan
encontrar en el Cielo y en la tierra, que ningún otro jamás podrá igualarla, y quien a su seno se
nutre, los gusta hasta la saciedad, y ¡oh! cómo es feliz y contenta. ¿Querrá ser docta, sabia?
Esta Madre esperanza contiene en sí las ciencias más sublimes, más bien es la maestra de