dejando todos los medios posibles para hacerlo crecer bello y gigantesco, y a tiempo oportuno,
cuando los frutos están por madurar, a fin de que sean cortados, te he escogido a ti en modo
todo especial para hacerte conocer el bien que contiene, y cómo quiero levantar de nuevo a la
criatura a su origen, y que poniendo a un lado su voluntad, causa por la que descendió de su
estado feliz, comerá de estos frutos preciosos, los cuales le darán tanto gusto, que servirán para
quitarle toda la infección de las pasiones y del propio querer, y restituirle el dominio a mi
Voluntad. Ella, abrazando todo dentro de un solo abrazo, unirá todo junto, Creación, Redención
y cumplimiento del fin por el cual todas las cosas fueron creadas, esto es, que mi Voluntad sea
conocida, amada y cumplida como en el Cielo así en la tierra”.
(7) Y yo: “Jesús, amor mío, por cuanto más dices, tanto más siento el peso de mi pequeñez,
y temo que pueda servir de obstáculo al reino de tu Voluntad sobre la tierra. ¡Oh, si Tú y mi
Mamá lo hubiesen hecho directamente estando en la tierra, tu Querer habría tenido su pleno
efecto!” Y Jesús interrumpiéndome ha agregado:
(8) “Hija mía, nuestro trabajo fue plenamente cumplido, tú sé atenta a cumplir el tuyo. Esto
es trabajo tuyo, mucho más que Yo y la Soberana Reina somos intangibles de las penas,
estamos en estado de impasibilidad y de gloria completa, y por eso las penas no pueden tener
más qué hacer con Nosotros; tú en cambio tienes las penas en tu ayuda para impetrar el Fiat
Supremo, nuevos conocimientos, nuevas gracias, y Yo a pesar de que estoy en el Cielo, estaré
escondido en ti para formar el Reino a mi Voluntad. Mi potencia es siempre la misma, y aun
estando en el Cielo puedo hacer lo que habría hecho estando visible sobre la tierra; cuando Yo
quiero y la criatura se presta dándose toda en poder de mi Querer, Yo la invisto y le hago hacer
lo que debería hacer Yo mismo. Por eso sé atenta y pon atención a tu trabajo”.
+ + + +
19-27
Junio 15, 1926
Así cómo el conocimiento dio vida a los frutos de la
Redención, así dará vida a los frutos de la Divina Voluntad.
(1) Me sentía toda llena de defectos, especialmente por la gran repugnancia que siento
cuando se trata de escribir las cosas íntimas entre Nuestro Señor y yo, es tanto el peso que
siento, que no sé qué haría para no hacerlo, pero como la obediencia de quien está sobre mí se
impone, yo quisiera oponerme, quisiera decir mis razones para no hacerlo, pero termino siempre
cediendo. Ahora, habiendo pasado una oposición similar me sentía llena de defectos y toda
mala, por eso al venir el bendito Jesús le he dicho:
(2) “Jesús, vida mía, ten piedad de mí, mírame cómo estoy llena de defectos y cuánta maldad
hay en mí”.
(3) Y Él todo bondad y ternura me ha dicho:
(4) “Hija mía, no temas, Yo te vigilo y estoy a la custodia de tu alma, a fin de que el pecado,
aun mínimo, no entre en tu alma, y donde tú u otros ven defectos y maldad en ti, Yo no la
encuentro, más bien veo que tu nada siente el peso del Todo, porque por cuanto más te elevo
íntimamente a Mí y te hago conocer lo que quiere hacer el Todo de tu nada, tanto más sientes
tu nulidad, y casi espantada, aplastada bajo el Todo quisieras no manifestar nada y mucho
menos poner sobre el papel lo que el Todo quiere hacer de esta nada, mucho más que por
cuanta renuencia tú sientes, Yo venzo siempre y te hago hacer lo que quiero. Esto le sucedió
también a mi Mamá Celestial cuando le fue dicho: ‘Te saludo María, llena de gracia, Tú
concebirás al Hijo de Dios’. Ella al oír esto se espantó, tembló y dijo: ‘¿Cómo puede suceder