recibir la luz y el toque del sol. Ahora, la tierra con recibir el toque de la luz sometiéndose al sol,
recibe los efectos que contiene la luz, y estos efectos cambian la faz de la tierra, la hacen
reverdecer, la llenan de flores, se desarrollan las plantas, maduran los frutos y tantas otras
maravillas que se ven sobre la faz de la tierra, producidas siempre por los efectos que contiene
la luz solar. Pero el sol, con dar sus efectos no da su luz, más bien, celoso de ella conserva su
unidad, y los efectos no son duraderos, y por eso se ve la pobre tierra ahora florida, ahora toda
despojada de flores, casi a cada estación se cambia, sufre continuas mutaciones; si el sol diese
a la tierra efectos y luz, la tierra se cambiaría en sol y no tendría más necesidad de mendigar
los efectos, porque conteniendo en sí la luz, llegaría a ser dueña de la fuente de los efectos que
el sol contiene. Ahora, así es el alma que se resigna y se somete a mi Voluntad, vive de los
efectos que hay en Ella, y no poseyendo la luz no posee la fuente de los efectos que hay en el
Sol del Eterno Querer, y por eso se ven casi como tierra, ahora ricas de virtud, ahora pobres, y
se cambian a cada circunstancia, mucho más que si no están siempre resignadas y sometidas
a mi Voluntad, serían como tierra que no se quisiera hacer tocar por la luz del sol, porque si
recibe los efectos es porque se hace tocar por su luz, de otra manera quedaría escuálida, sin
producir ni un hilo de hierba. Así quedó Adán después del pecado, él perdió la unidad de la luz
y por lo tanto la fuente de los bienes y efectos que el Sol de mi Voluntad contiene, no sentía más
en sí mismo la plenitud del Sol Divino, no descubría más en él aquella unidad de la luz que su
Creador le había fijado en el fondo de su alma, que comunicándole su semejanza hacía de él
una copia fiel de Él. Antes de pecar, poseyendo la fuente de la unidad de la luz con su Creador,
cada pequeño acto suyo era rayo de luz, que invadiendo toda la Creación iba a fijarse en el
centro de su Creador, llevándole el amor y la correspondencia de todo lo que había sido hecho
por Él en toda la Creación; era él el que armonizaba todo y formaba la nota de acuerdo entre el
Cielo y la tierra, pero en cuanto se sustrajo de mi Voluntad, sus actos no fueron más como rayos
que invadían Cielo y tierra, sino que se restringieron casi como plantas y flores en el pequeño
cerco de su terreno, así que perdiendo la armonía con toda la Creación, se volvió la nota
discordante de todo lo creado, ¡oh, cómo descendió en lo bajo y lloró amargamente la unidad
de la luz perdida, que elevándolo sobre todas las cosas creadas hacía de Adán el pequeño dios
de la tierra!
(3) Ahora hija mía, por lo que te he dicho puedes comprender que el vivir en mi Voluntad es
poseer la fuente de la unidad de la luz de mi Voluntad, con toda la plenitud de los efectos que
en Ella hay, así que surge en cada acto suyo la luz, el amor, la adoración, etc., que
constituyéndose acto por cada acto, amor por cada amor, como luz solar invade todo, armoniza
todo, concentra todo en sí y como refulgente rayo lleva a su Creador la correspondencia de todo
lo que ha hecho por todas las criaturas y la verdadera nota de acuerdo entre el Cielo y la tierra.
¡Qué diferencia hay entre quien posee la fuente de los bienes que contiene el Sol de mi Voluntad,
y entre quien vive de los efectos de Ella! Es la diferencia que existe entre el sol y la tierra; el sol
posee siempre la plenitud de la luz y de los efectos, está siempre radiante y majestuoso en la
bóveda del cielo, no tiene necesidad de la tierra, y mientras toca todo, él es intangible, no se
deja tocar por ninguno, y si alguno tuviera la osadía de querer fijarlo, con su luz lo eclipsa, lo
ciega y lo echa por tierra; en cambio la tierra tiene necesidad de todo, se hace tocar, despojar,
y si no fuese por la luz del sol y sus efectos sería una tétrica prisión llena de escuálida miseria.
Por eso no hay comparación posible entre quien vive en mi Voluntad y entre quien se somete a
Ella. Así que la unidad de la luz la poseía Adán antes de pecar y no pudo recuperarla más
estando en vida; de él sucedió como tierra que gira en torno al sol, que no estando fija, mientras
gira se opone al sol y forma la noche. Ahora, para volverlo fijo de nuevo y poder así sostener la
unidad de esta luz, se necesitaba un Reparador, y Éste debía ser superior a él, se necesitaba
una fuerza divina para enderezarlo, he aquí la necesidad de la Redención.
(4) La unidad de esta luz la poseía mi Celestial Mamá y por eso más que sol puede dar luz a
todos, y por eso entre Ella y la Majestad Suprema no hubo jamás noche ni sombra alguna, sino