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Mayo 27, 1926
El Querer Divino envuelve todo y a todos en la unidad de su luz.
Cómo toda la Creación posee la unidad, y quien debe vivir en el
Querer Divino posee esta unidad.
(1) Estaba haciendo mis acostumbrados actos en el Querer Supremo, y una luz inaccesible
envolvía mi pequeño ser, y haciéndome como presentes todas las obras de mi Creador, yo tenía
un “te amo” por cada cosa creada, un movimiento por cada movimiento, una adoración y un
gracias de reconocimiento por toda la Creación; sin embargo comprendía que era la misma luz
la que me suministraba aquel te amo por cada cosa, aquel movimiento, aquella adoración, yo
sólo estaba en poder de la luz y ella me engrandecía, me empequeñecía y hacía de mi pequeñez
lo que quería. Ahora, mientras me encontraba en este estado, yo estaba doliente porque no
veía a mi dulce Jesús y pensaba entre mí: “Jesús me ha dejado, y en esta bendita luz yo no sé
hacia dónde volver mis pasos para encontrarlo, porque no se ve ni dónde comienza ni dónde
termina; ¡oh luz santa, hazme encontrar a Aquél que es toda mi vida, mi sumo Bien”! Pero
mientras me desahogaba por el dolor de la privación de Jesús, todo bondad ha salido de dentro
de mi interior, y todo ternura me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿por qué temes? Yo no te dejo, más bien es el Querer Supremo que me eclipsa
en ti. La luz de mi Voluntad es interminable, infinita, no se encuentran sus confines, ni dónde
comienza ni dónde termina, en cambio mi Humanidad tiene sus confines, sus límites, y por eso
siendo mi Humanidad más pequeña que mi Eterna Voluntad, Yo quedo envuelto en Ella y como
eclipsado, y mientras estoy contigo doy el campo de acción a mi Querer y gozo de su obrar
divino en la pequeñez de tu alma, y preparo una nueva lección que darte para hacerte conocer
siempre más las maravillas de mi Supremo Querer; por eso cuando nades en Él está segura de
que estoy contigo, más bien hago contigo lo que haces tú, y para darle todo el campo de acción
Yo estoy en ti como escondido, para gozarme sus frutos. Ahora, tú debes saber hija mía que la
verdadera luz es inseparable; mira, también el sol que está en la atmósfera tiene esta
prerrogativa y posee la unidad de la luz, tiene tan compactada a la luz en su esfera, que no
pierde ni un átomo, y a pesar de que desciende a lo bajo llenando de luz toda la tierra, la luz no
se divide jamás, es tan compacta en sí misma, unida, inseparable, que jamás pierde nada de su
luz solar, tan es verdad, que expande sus rayos todos juntos haciendo huir por todas partes de
la tierra a las tinieblas, y al retirar su luz retira todos sus rayos, no dejando ni siquiera las huellas
de sus átomos. Si la luz del sol fuese divisible, desde hace mucho tiempo se hubiese
empobrecido de luz y no tendría más la fuerza para iluminar a toda la tierra, y se podría decir:
‘luz dividida, tierra desolada’. Así que el sol puede cantar victoria y posee toda su fuerza y todos
sus efectos en la unidad de su luz, y si la tierra recibe tantos admirables e innumerables efectos,
de poderse llamar al sol vida de la tierra, todo esto sucede por la unidad de la luz que posee,
que desde hace tantos siglos no ha perdido ni siquiera un átomo de luz de los que Dios le confió,
y por esto es siempre triunfante, majestuoso y fijo, siempre estable en alabar en su luz el triunfo
y la gloria de la luz eterna de su Creador. Ahora hija mía, el sol es el símbolo de mi Eterno
Querer, y si este símbolo posee la unidad de la luz, mucho más mi Voluntad que no es símbolo,
sino la realidad de la luz, y el sol se puede llamar la sombra de la luz inaccesible de mi Voluntad.
Tú has visto su inmensidad, y que no sólo se ve un globo de luz como en el sol, sino una
vastedad inmensa, la cual el ojo humano no puede llegar a ver ni dónde comienza ni dónde
termina, sin embargo toda esta interminabilidad de luz es un acto solo del Eterno Querer. Está
tan compacta toda esta luz increada, que se vuelve inseparable, indivisible, así que más que sol
posee la unidad eterna, en la cual viene fundado el triunfo de Dios y de todas nuestras obras.