sin los actos que a Ella convienen. Tú debes saber, a fin de que quites este espanto, que todo
lo que te he dicho, esto es, este capital tan grande, ya está en ti, y después de que te he hecho
tomar la práctica de darme la correspondencia de la gloria y del amor de toda la Creación,
Redención y Santificación, haciéndote abrazar todo y a todos, y habiendo visto que el interés
debido me venía con facilidad, ahora te he querido hacer conocer con más claridad el gran
capital de mi Voluntad que te he confiado, a fin de que conozcas el gran bien que posees, y
conociéndolo, puedo firmar la escritura del capital a ti confiado y al mismo tiempo dar por recibido
el interés que me das. Si tú no lo conocieras no se podría hacer ni la escritura del capital, ni la
recepción del interés, entonces, he aquí la necesidad de hacértelo conocer; y además, ¿por qué
temes hasta quererme mandar a otra criatura? ¿No tienes tú en ti un amor que dice te amo por
todos y por todo, un movimiento que me corresponde por el movimiento de todos y que todo lo
que tú haces abraza a todos para darme como dentro de un solo abrazo los actos, las plegarias,
la gloria, las reparaciones de todos? Si ya lo haces, ¿por qué temes?”
(7) Mientras estaba en esto veía en torno a mí a otras almas, y Jesús ha ido a ellas y parecía
que las tocaba para ver si a su toque salía el movimiento de su Vida Divina, pero no salía nada.
Entonces ha regresado a mí y tomándome la mano me la ha estrechado fuertemente, a su toque
ha salido de mí una luz, y Jesús todo contento me ha dicho:
(8) “Esta luz es el movimiento de la Vida Divina en ti, he ido a las otras criaturas, como tú has
visto, y no he encontrado mi movimiento, ¿entonces, cómo puedo confiarles el gran capital de
mi Voluntad? Por eso te he elegido, y basta, sé atenta y no temas”.
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19-23
Mayo 23, 1926
El Querer Divino es germen de vida, y donde entra produce la vida, la
santidad. Así como la Virgen tuvo su tiempo, quien debe conseguir
el Fiat Supremo tiene su tiempo.
(1) Estaba acompañando a mi dulce Jesús en su dolorosa agonía en el huerto, especialmente
cuando se descargó sobre su Santísima Humanidad todo el peso de nuestras culpas, hasta
hacerle verter viva sangre ¡Oh! cómo habría querido aligerarlo de penas tan desgarradoras. Y
mientras lo compadecía me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Voluntad tiene el poder de dar muerte y de dar vida, y como mi Humanidad
no conocía otra vida, sino la Vida de mi Voluntad Divina, conforme las culpas se ponían sobre
Mí, así Ella me hacía sentir una muerte distinta por cada culpa. Mi Humanidad gemía bajo la
pena de la muerte real que me daba mi Suprema Voluntad, pero esta Voluntad Divina, sobre
aquella misma muerte que me daba hacía resurgir la nueva vida de gracia a las criaturas, así
que sin importar cuán mala y pésima sea la criatura, si tiene la fortuna de hacer entrar en ella
un acto de mi Voluntad, aunque sea en el mismo punto de la muerte, siendo Ella Vida, arroja el
germen de la vida en el alma, así que poseyendo este germen de vida, hay mucho por qué
esperar la salvación del alma, porque la potencia de mi Voluntad tendrá cuidado que este su
acto de vida que ha entrado en el alma no perezca y se pueda convertir en muerte, porque mi
Voluntad tiene el poder de dar muerte, pero Ella y todos sus actos son intangibles y no sujetos
a ninguna muerte. Ahora, si un solo acto de mi Voluntad contiene el germen de la vida, ¿cuál
no será la fortuna de quien no un solo acto, sino continuados actos de mi Voluntad abraza en su
alma? Ésta no recibe sólo el germen, sino la plenitud de la vida y pone al seguro su santidad”.