de las otras criaturas; he aquí por qué todo dimos y todo recibimos de Ella, a fin de que todo el
capital de la Redención pudiese quedar íntegro y por su medio nuestra gloria completada y
nuestro amor correspondido. ¿Qué hombre sabio pone desde un principio su capital en un
banco que está por quebrar? Primero se asegura y después confía su capital; pero puede ser
que con el tiempo quiebre, esto no puede hacerle gran daño, porque por los tantos intereses
recibidos se ha rehecho su capital. Si esto hace el hombre, mucho más Dios, que su sabiduría
es incomprensible, y no se trataba de una obra cualquiera, de un pequeño capital, sino que se
trataba de la gran obra de la Redención y todo el costo y el valor infinito e incalculable del Verbo
Eterno, era una obra única, no se podía repetir un nuevo descendimiento del Verbo Eterno sobre
la tierra, y por eso debíamos ponerla al seguro en la Soberana Celestial. Y así como todo a Ella
le confiamos, hasta la misma Vida de un Dios, así Ella, como poseedora de nuestra confianza
debía respondernos por todos, hacerse fiadora y responsable de esta Vida Divina confiada a
Ella, como en efecto lo hizo. Ahora hija mía, lo que hice y quise de mi Celestial Mamá en la gran
obra de la Redención, quiero hacer contigo en la gran obra del Fiat Supremo. La obra del Fiat
Divino es una obra que debe abrazar todo: Creación, Redención y Santificación, esta obra es
la base de todo, es la vida que corre en todo y todo encierra ella, porque no tiene principio, es
principio de todas las cosas y fin y cumplimiento de nuestras obras. Mira entonces, el capital
que queremos confiarte es exuberante, tú no lo has calculado, ¿pero sabes tú qué te confiamos
en el Fiat Supremo? Te confiamos toda la Creación, todo el capital de la Redención y aquél de
la Santificación; mi Voluntad es universal y en todas las cosas ha estado Ella obrante, así que
lo que a Ella pertenece es justo que sea confiado a ti, ¿acaso quisieras tú mi Voluntad sin sus
obras? Nosotros no sabemos dar nuestra Vida sin las obras y bienes nuestros, cuando damos,
damos todo; y así como a la Reina Celestial con darle al Verbo concentró en Sí sus obras y sus
bienes, así a ti, con darte nuestra Suprema Voluntad reinante y dominante en ti te damos todas
las obras que a Ella pertenecen, por eso te estamos dando tantas gracias, conocimientos,
capacidad, a fin de que el Fiat Supremo, desde el principio, no pueda recibir ningún fallo, y tú,
poniéndolo al seguro debes darle la correspondencia del amor y de la gloria de toda la Creación,
de la Redención y de la Santificación; así que tu trabajo es grande, es universal y debe abrazar
a todos y a todo, de modo que si nuestra Voluntad comunicada a las otras criaturas sufriera
cualquier tropiezo, en ti debemos encontrar el resarcimiento del vacío de los otros, y poniéndola
al seguro en ti, con el darnos el amor, la gloria y todos los actos que las otras criaturas deberían
darnos, nuestra gloria será siempre completa y nuestro Amor rescatará su justo interés. Así que
también en ti depositaremos nuestra confianza, serás la responsable de la Voluntad Divina
confiada a ti y su fiadora”.
(3) Ahora, mientras Jesús esto decía, me ha venido tal espanto y comprendía todo el peso de
mi responsabilidad, y temiendo fuertemente que pudiese poner en peligro nada menos que todo
el peso y obras de una Voluntad Divina he dicho:
(4) “Amor mío, gracias por tanta bondad tuya hacia mí, pero siento que es demasiado lo que
quieres darme, siento un peso infinito que me aplasta, y mi pequeñez e incapacidad no tienen
ni fuerza ni habilidad, y temiendo poderos desagradar y no poder abrazar todo, vete a otra
criatura más capaz, a fin de que todo este capital de tu Suprema Voluntad pueda estar más
seguro, y Tú puedas recibir todo el interés equivalente a un capital tan grande; yo no había
pensado jamás en una responsabilidad tan grande, pero ahora que me la haces entender siento
que me faltan las fuerzas y temo por mi debilidad”.
(5) Y Jesús, estrechándome a Él para aliviarme del temor que me aplastaba, ha agregado:
(6) “Hija mía, ánimo, no temas, es tu Jesús que quiere darte demasiado, ¿no soy tal vez Yo
dueño de darte lo que quiero? ¿Quieres tú poner un límite a mi obra completa que quiero
confiarte? ¿Qué dirías tú si mi Mamá Celestial quisiese aceptarme a Mí, Verbo Eterno, sin sus
bienes y los actos que se necesitaban para poderme concebir? ¿Sería esto verdadero amor,
verdadera aceptación? Ciertamente que no. Así que tú quisieras mi Voluntad sin sus obras y