creadas. Mira el cielo adornado de estrellas, es bello, pero también es bello el sol, pero distintos
uno del otro, y el cielo hace un oficio, el sol otro; el mar es bello, pero también es bella la tierra
florida, la altura de los montes, las llanuras extendidas, pero tienen la belleza y el oficio distintos
entre ellas. Un jardín es bello, ¿pero cuánta diversidad de plantas y de bellezas hay en él? Está
la pequeña florecita, bella en su pequeñez, está la violeta, la rosa, el lirio, todas bellas, pero
distintas en el color, en el perfume, en la grandeza; está la plantita y el árbol más alto, ¿qué
encanto no es un jardín cuidado por un experto jardinero? Ahora hija mía, también en el orden
de la naturaleza humana habrá quién sobrepasará el cielo en la santidad y en la belleza, quién
al sol, quién al mar, quién a la tierra florida, quién a la altura de los montes, quién a la pequeña
florecita, quién a la plantita y quién al árbol más alto, y aunque el hombre se sustrajo de mi
Voluntad, Yo multiplicaré los siglos para tener todo el orden y multiplicidad de las cosas creadas
y de su belleza en la naturaleza humana, y aún sobrepasarla en modo más admirable y más
encantador”.
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19-22
Mayo 18, 1926
Así cómo la Virgen para obtener al suspirado Redentor y concebirlo,
debió abrazar todo, y hacer los actos de todos, así quien debe obtener
el Fiat Supremo, debe abrazar a todos y responder por todos.
(1) Estaba fundiéndome en el Santo Querer Divino, y mientras había girado por todas las
cosas creadas para sellar en ellas mi “te amo”, a fin de que dondequiera y sobre todos resonase
mi “te amo” para corresponder a mi Jesús por su tanto amor, he llegado a aquel punto de
corresponder a mi Dios por todo aquel amor que tuvo en el acto de quedar concebido en el seno
de la Mamá Celestial. Mientras estaba en esto mi amado Jesús ha salido de dentro de mi interior
y me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi inseparable Mamá para concebirme a Mí, Verbo Eterno, fue enriquecida de
mares de Gracia, de luz y de Santidad por la Majestad Suprema, y Ella hizo tales y tantos actos
de virtud, de amor, de oración, de deseos y de ardientes suspiros, de sobrepasar todo el amor,
virtud y actos de todas las generaciones que se necesitaban para obtener al suspirado Redentor.
Entonces, cuando vi en la Soberana Reina el amor completo de todas las criaturas y todos los
actos que se necesitaban para merecer que el Verbo fuese concebido, encontré en Ella la
correspondencia del amor de todos, nuestra gloria reintegrada, y todos los actos de los
redimidos, hasta los de aquellos a los que mi Redención debía servir de condena por su
ingratitud, y entonces mi amor hizo el último desahogo y quedé concebido. Por eso el derecho
de nombre de Madre para Ella es connatural, es sagrado, porque con abrazar todos los actos
de las generaciones, sustituyéndose por todos, sucedió como si a todos los hubiese parido a
nueva vida desde sus entrañas maternas. Ahora tú debes saber que cuando hacemos nuestras
obras, la criatura que es elegida y a la cual le es confiada la obra, debemos darle tanto amor,
luz, gracia, que pueda darnos toda la correspondencia y la gloria de la obra a ella confiada.
Nuestra potencia y sabiduría no se pondrían desde el principio de una obra nuestra en el banco
de la criatura como en acto de fallar, así que en la criatura que es llamada como acto primero,
nuestra obra debe quedar al seguro en ella, y Nosotros debemos rescatar todo el interés y gloria
equivalente a nuestra obra confiada a ella; y aunque después nuestra obra fuese comunicada a
las demás criaturas, y por su ingratitud estuviese en peligro de fallar, para Nosotros es más
tolerable, porque a quien fue confiada al principio nos hizo rescatar todo el interés de los fallos