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Mayo 13, 1926
Imágenes de quien obra por fines humanos y quien obra para cumplir
la Voluntad Divina. Nuestro Señor es el latido de la Creación. La
santidad está en el cumplimiento del propio deber.
(1) Estaba haciendo mi acostumbrada adoración a mi crucificado Jesús, y mientras rezaba he
sentido cerca a mi dulce Jesús, que poniéndome el brazo en el cuello me estrechaba fuerte a
Sí, y al mismo tiempo me hacía ver a mi último confesor difunto, me parecía verlo pensativo,
todo recogido, pero sin decirme nada, mi Jesús lo miraba y me ha dicho:
(2) “Hija mía, tu confesor se ha encontrado cosas grandes delante a Mí, porque cuando
emprendía un oficio, un empeño, no omitía nada para cumplir exactamente aquel oficio, era
atentísimo, hacía grandes sacrificios, y si era necesario se disponía aun a poner su propia vida
para hacer que su oficio fuese cumplido exactamente; tenía un temor, que si no obrase como
convenía a su oficio en las obras que le habían sido confiadas, pudiera ser él un obstáculo a la
misma obra, esto significa que apreciaba y daba el justo valor a mis obras, y su atención atraía
la gracia que se necesitaba para el desempeño de su oficio; esto aparentemente no parece una
gran cosa, pero sin embargo lo es todo, porque cuando uno es llamado para un oficio, y cumple
los deberes que hay en aquel oficio, significa que lo hace por Dios, y en el cumplimiento del
propio deber está la santidad. Entonces, si él se ha presentado delante de Mí con el
cumplimiento de los propios deberes que le fueron confiados, ¿cómo no debía remunerarlo como
él se merecía?”
(3) Ahora, mientras Jesús esto decía, el confesor, como si se concentrase de más en un
recogimiento más profundo, en su rostro se reflejaba la luz de Jesús, pero no me ha dicho ni
siquiera una palabra. Entonces Jesús me ha dicho:
(4) “Hija mía, cuando un sujeto ocupa un oficio y comete una equivocación, no está atento a
los deberes que impone su oficio, puede hacer venir grandes males; supón a uno que tenga el
oficio de juez, de rey, de ministro, de alcalde, y comete un error, o no está atento a los propios
deberes, puede hacer venir la ruina de familias, de países y aun de reinos enteros; si aquel error,
aquella falta de atención la hiciera una persona particular que no ocupa aquel oficio, no llevaría
tanto mal, por eso las faltas en los oficios pesan de más y llevan más graves consecuencias, y
Yo cuando llamo a un confesor para darle un oficio y en este oficio le confío una obra mía, y no
veo en él la atención ni el cumplimiento de los propios deberes que hay en aquel oficio, no le
doy ni la gracia necesaria ni la luz suficiente para hacerle comprender toda la importancia de mi
obra, ni puedo fiarme de él, porque veo que no aprecia la obra que le he confiado. Hija mía,
quien cumple exactamente su oficio, significa que lo hace para cumplir mi Voluntad; en cambio
quien lo hace diversamente, significa que lo hace por fines humanos, y si tú supieras la diferencia
que hay entre el uno y el otro”.
(5) Mientras estaba en esto veía a dos personas delante de mí, uno que iba recogiendo
piedras, trapos viejos, hierros herrumbrosos, pedazos de yeso, cosas todas de gran peso y de
poquísimo valor; pobrecito, padecía, se fatigaba, sudaba bajo el peso de aquellas porquerías,
mucho más que no le daban lo necesario para quitarse el hambre. El otro iba recogiendo
granitos de brillantes, pequeñas gemas y piedras preciosas; todas ellas cosas ligerísimas pero
de valor incalculable, y mi dulce Jesús ha agregado:
(6) “Aquél que va recogiendo porquerías es la imagen de quien obra por fines humanos; lo
humano lleva siempre el peso de la materia. El otro es la imagen de quien obra para cumplir la
Voluntad Divina; qué diferencia entre el uno y el otro, los granitos de diamante son mis verdades,
los conocimientos de mi Voluntad, que recogidos por el alma forman tantos brillantes para sí.
Ahora, si se pierde o no se recoge alguna de aquellas cosas sin valor, no hará casi ningún daño,
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