como en acto, para todo lo que mi Jesús había hecho y hacía para reintegrar la gloria del Padre,
y para el bien que había conseguido para las criaturas; su obrar y el mío era uno solo, uno el
Amor, una la Voluntad; y mi dulce Jesús ha agregado:
(5) “Hija mía, cómo es bella la oración, el amor, el obrar de la criatura en mi Voluntad, son
actos llenos de toda la plenitud Divina, es tanta la plenitud, que abrazan todo y a todos y hasta
al mismo Dios. Mira, eternamente se verán tus pensamientos en los míos, tus ojos en los míos,
tus palabras en las mías, tus obras y pasos en los míos, a tu latido palpitar en el mío, porque
una es la Voluntad que nos da vida, uno el Amor que nos mueve, que nos empuja y que nos
vincula en modo inseparable. He aquí por qué el Sol de mi Voluntad supera en modo infinito y
más sorprendente al sol que está en la atmósfera; mira la gran diferencia, el sol creado por Dios,
mientras golpea la tierra y la inviste produce admirables e innumerables efectos, pero no se aleja
de su fuente, desciende a lo bajo, se levanta a lo alto, toca las estrellas, pero la plenitud de la
luz está siempre en su esfera, de otra manera no podría investir siempre de la misma manera a
todo con su luz, pero a pesar de todo esto, la luz solar no penetra en los Cielos para investir el
trono de Dios, para penetrar en Dios mismo y hacer una su luz con la luz inaccesible del Ente
Supremo, ni inviste a los ángeles, ni a los santos, ni a la Mamá Celestial. En cambio el Sol de
mi Voluntad cuando con toda su plenitud reina en el alma, su luz penetra dondequiera, en los
corazones y mentes de las criaturas que viven en lo bajo de la tierra, pero lo que sorprende más,
es que se levanta en lo alto, inviste toda la Creación y lleva al sol, a las estrellas, al cielo, el beso
de la luz del Querer Supremo. La Voluntad Divina que reina en la Creación y el Sol de la
Voluntad Suprema que reina en el alma se encuentran, se besan, se aman y se hacen felices
mutuamente, y mientras se queda en la Creación, porque el Sol de mi Voluntad no deja nada
atrás, lleva todo junto Consigo, penetra en los Cielos, inviste a todos, ángeles, santos, a la
Soberana Reina, da el beso a todos, da nuevas alegrías, nuevos contentos, nuevo amor, pero
esto no es todo, sino que con impetuosidad se vierte en el seno del Eterno. La Divina Voluntad
bilocada en la criatura besa, ama, adora a la Voluntad reinante en Dios mismo, le lleva a todos
y a todo y uniéndose juntas surge de nuevo para hacer su curso, porque estando en el alma la
plenitud del Sol del Querer eterno, este Sol está a su disposición, y conforme hace sus actos,
ama, reza, repara, etc.; este Sol reemprende el nuevo curso para dar a todos la sorpresa de su
luz, de su amor, de su vida; así que mientras este Sol del eterno Querer surge, hace su curso
para hacer su ocaso en el seno de la Divinidad, otro más surge para hacer su camino
envolviendo todo, hasta la patria celestial, para hacer en ella su ocaso de oro en el seno de la
Majestad Suprema. Así que las bilocaciones de mi Voluntad son innumerables, este Sol surge
a cada acto de la criatura hecho en este Sol del Querer Supremo, lo que no sucede en el sol
que está en la atmósfera, que es siempre uno, no se multiplica. ¡Oh!, si el sol tuviese la virtud
de hacer surgir tantos soles por cuantas veces hace su curso sobre la tierra, ¿cuántos soles no
se verían arriba en lo alto? ¿Qué encanto, cuántos bienes de más no recibiría la tierra? Por lo
tanto, ¿cuántos bienes no hace el alma que vive del todo en mi Querer, dando la ocasión a su
Dios de bilocar su Voluntad para hacerle repetir los prodigios que solamente sabe hacer un
Dios?”
(6) Dicho esto ha desaparecido y yo me he encontrado en mí misma.
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