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Abril 25, 1926
El Fiat en el Cielo es triunfador, en la tierra es conquistador.
(1) Paso días amarguísimos por las privaciones de mi dulce Jesús, siento que respiro un aire
venenoso, bastante para darme no una muerte sino miles de muertes, pero mientras estoy por
sucumbir bajo el golpe mortal, siento el aire vital y balsámico del Querer Supremo que me sirve
de contraveneno para no dejarme morir, y me tiene en vida para sufrir muertes continuas bajo
el peso incalculable de la privación de mi sumo y único Bien. ¡Oh, privación de mi Jesús, cómo
eres dolorosa, tú eres el verdadero martirio para mi pobre alma! ¡Oh Voluntad Suprema, cómo
eres fuerte y potente, que con darme vida me impides el vuelo hacia la patria celestial para
encontrar a Aquél que tanto suspiro y ansío! ¡Ah, piedad de mi duro exilio, piedad de mí que
vivo sin Aquél que es el único que puede darme vida! Pero mientras me sentía aplastada bajo
el peso de su privación, mi amable Jesús se ha movido en mi interior y me miraba fijamente, a
su mirada piadosa me sentía regresar de la muerte a la vida, y como yo estaba haciendo mis
acostumbrados actos en su Querer Supremo, me ha dicho:
(2) “Hija mía, mientras tú imprimías tu ‘te amo’ en mi Voluntad sobre todas las cosas creadas,
toda la Creación se sentía duplicar el amor de su Creador, y como las cosas creadas no tienen
razón, aquel amor corría con ímpetu hacía Aquél que las había creado; y el Padre Celestial al
verse duplicado el amor que sacó en la Creación por la pequeña recién nacida de su Querer,
para no dejarse vencer en amor, duplica su amor y lo hace correr sobre todas las cosas creadas,
para hacer el mismo camino que ha hecho su pequeña hija, y después todo este amor lo
concentra en aquélla que le ha mandado su amor duplicado, y con ternura paterna espera la
nueva sorpresa, que su recién nacida le duplique de nuevo su amor. ¡Oh, si tú supieras las
corrientes y las olas de amor que van y vienen de la tierra al Cielo, y del Cielo a la tierra, cómo
toda la Creación siente, si bien en su mudo lenguaje y sin razón, este amor duplicado de Aquél
que las ha creado, y de aquélla, por causa de la cual fueron creadas, cómo todas se ponen en
actitud de sonrisa, de fiesta y de hacer correr benévolos sus afectos hacia las criaturas! El vivir
en mi Querer mueve todo, inviste todo y cumple la obra de su Creador en la Creación. El Fiat
como en el Cielo sobre la tierra tiene un prodigio, una nota más armoniosa, una característica
más bella que no goza ni posee en el mismo Cielo, porque en el Cielo posee el prodigio de un
Fiat de absoluto triunfo, que ninguno le puede resistir, y todo el gozar en las regiones celestiales
viene del Fiat Supremo. Aquí en el exilio, en el fondo del alma, contiene el prodigio de un Fiat
conquistador, y de nuevas conquistas, mientras que en el Cielo no hay nuevas conquistas
porque todo es suyo. En el alma viadora mi Fiat no es absoluto, sino que quiere al alma junto,
en su misma obra, y por eso se deleita de manifestarse, de ordenar y hasta de rogarle que obre
con Él, y cuando el alma cede y se deja investir por el Fiat Supremo, se forman tales notas
armoniosas producidas por ambas partes, que el mismo Creador se siente recrear por sus
mismas notas divinas formadas por la criatura. Estas notas en el Cielo no existen, porque no es
morada de obras, sino de gozos, y por eso mi Fiat en la tierra tiene la bella característica de
imprimir en el alma su mismo obrar divino, para hacerla repetidora de sus obras. Así que si en
el Cielo mi Fiat es triunfador y ninguno puede decir en la región celestial que ha hecho una obra
para atestiguar su amor, su sacrificio al Fiat Supremo; aquí en la tierra es conquistador, y si
gusta el trono, mucho más gustan las nuevas conquistas, y ¿cuánto no haría mi Fiat para
conquistar un alma, para hacerla obrar en su Querer? ¿Cuánto no ha hecho y no hace por ti?”
(3) Después, mi dulce Jesús se hacía ver crucificado, y sufría mucho, yo no sabía qué hacer
para aliviarlo, me sentía aniquilada por las súbitas privaciones, y Jesús, desclavándose de la
cruz se ha arrojado en mis brazos diciéndome:
(4) “Ayúdame a aplacar la Divina Justicia que quiere golpear a las criaturas”.
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