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Abril 18, 1926
La Divina Voluntad es la depositaria de las obras divinas,
y debe ser la depositaria de las obras de las criaturas.
(1) Me sentía toda empequeñecida en mí misma, y buscaba fundirme en el Santo Querer
Divino para correr junto con Él, para hacerle compañía en su obrar y corresponderle al menos
con mi pequeño “te amo”. Ahora, mientras esto hacía, mi dulce Jesús saliendo de dentro de mi
interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, ánimo, no pongas atención en tu pequeñez, lo que más te debe importar es el
tener tu pequeñez en mi Voluntad, porque estando en Ella quedarás perdida en Ella, y mi
Voluntad, cual viento, llevará en tu acto la frescura que posee como refrigerio a todas las
criaturas, llevará el viento caliente para inflamarlos de mi amor, llevará el viento frío para
extinguir el fuego de las pasiones, y finalmente llevará el viento húmedo como vegetación del
germen de mi Voluntad. ¿Nunca has sentido tú los efectos del viento, cómo sabe cambiar el
aire casi instantáneamente del calor al frío, de húmedo a un aire fresquísimo y refrigerante? Mi
Voluntad es más que viento, y tus actos en Ella, agitándola, mueven los vientos que contiene y
producen admirables efectos, después, todos estos vientos unidos juntos invisten el trono divino
y llevan a su Creador la gloria de su Voluntad obrante en la criatura. ¡Oh! si todos supieran qué
significa obrar en el Fiat Supremo, los prodigios que contiene, todos harían competencia para
obrar en Él. Mira, nuestra Voluntad es tan grande, que Nosotros mismos la hacemos depositaria
de nuestras obras: La Creación, para hacer que se mantuviese siempre bella, fresca, íntegra,
nueva, tal como la sacamos de nuestras manos creadoras, la depositamos en nuestra Voluntad;
la Redención, para hacer que estuviese siempre en acto de redimir, y mi nacimiento, mi Vida,
mi Pasión y Muerte, estuviesen siempre en acto de nacer, de vivir, de sufrir y de morir para la
criatura, las depositamos en nuestra Voluntad, porque sólo Ella tiene la virtud y la potencia de
mantener siempre en acto la obra que se hace y reproducir aquel bien cuantas veces se quiere.
Nuestras obras no estarían seguras si no fuesen depositadas en nuestra Voluntad; si esto es de
nuestras obras, mucho más debería ser para las obras de las criaturas, a cuántos peligros no
están sujetas cuando no son depositadas en nuestro Querer, cuántos cambios no sufren, por
eso nuestro contento cuando vemos que la criatura hace el depósito de sus actos en el Supremo
Querer. Estos actos, si bien pequeños, y las naderías de la criatura, hacen rivalidad con los
actos nuestros, y Nosotros gozamos al ver su ingenio, que para poner al seguro sus naderías
las deposita en nuestra Voluntad.
(3) Ahora, si para la Creación y para la Redención la depositaria fue nuestra Voluntad, también
para el Fiat como en el Cielo así en la tierra, debe tener el depósito mi misma Voluntad, he aquí
el por qué de mi insistencia de que nada hicieras si no lo depositas en Ella. Si no formas este
depósito de toda tú misma, de tus pequeños actos y aun de tus naderías, mi Fiat no teniendo su
pleno triunfo sobre de ti, no podrá desenvolver su Fiat como en el Cielo así en la tierra”.
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