todo lo que es Cielo, así que se puede decir que conoce el Cielo y ama todo lo que al Cielo
pertenece; mi Voluntad vuelve firme el paso, por lo tanto no hay peligro de que pueda
tambalearse mínimamente, y la bella dote de la razón está sana y tan iluminada por la luz que
la envuelve, que pasa de una verdad a la otra, esta luz le descubre arcanos divinos, cosas
inefables, alegrías celestiales; por eso la máxima fortuna de un alma es el hacerse dominar por
mi Voluntad, esta criatura tiene la supremacía sobre todo, ocupa el primer puesto de honor en
toda la Creación, no se aparta jamás del punto de donde Dios la ha sacado, Dios la encuentra
siempre sobre sus rodillas paternas, donde ella le canta nuevamente su gloria, su amor y su
eterna Voluntad. Entonces, estando sobre las rodillas del Padre Celestial, el primer amor es
para ella, los mares de gracias que continuamente desbordan del seno divino son los suyos, los
primeros besos, las caricias más amorosas son propiamente para ella, sólo a ella nos es dado
el confiar nuestros secretos, porque siendo la más cercana a Nosotros y la que más está con
Nosotros, le damos parte en todas nuestras cosas, y Nosotros formamos su vida, su alegría y
felicidad, y ella forma nuestra alegría y nuestra felicidad, porque siendo su voluntad una con la
nuestra, y poseyendo nuestro Querer nuestra misma felicidad, no es maravilla que poseyendo
el alma nuestra Voluntad nos pueda dar a Nosotros alegría y felicidad, y por lo tanto nos
hacemos felices mutuamente”.
(7) Después mi pobre mente continuaba pensando en la diferencia que hay entre quien se
hace dominar por la Voluntad Suprema y por quien se hace dominar por la voluntad humana, y
mi sumo y único Bien ha agregado:
(8) “Hija mía, mi Voluntad contiene la potencia creadora, por tanto crea en el alma
la fuerza, la gracia, la luz y la misma belleza con la cual quiere que sus cosas sean
hechas por el alma; por eso el alma siente en sí una fuerza divina como si fuera de
ella, una gracia suficiente para el bien que debe hacer, o para una pena que le toca
sufrir; una luz que como connaturalmente le hace ver el bien que hace, y alentada
por la belleza de la obra divina que ella cumple, se alegra y hace fiesta, porque las
obras que cumple mi Voluntad en el alma tienen la marca de la alegría y de una
fiesta perenne. Esta fiesta fue iniciada por mi Fiat en la Creación, pero fue interrumpida
por la ruptura de la voluntad humana con la de Dios, pero conforme el alma hace obrar y dominar
al Supremo Querer en ella, así se reinicia la fiesta, y entre la criatura y Nosotros se reinician los
entretenimientos, los juegos, las delicias. En Nosotros no existe la infelicidad ni el dolor, ¿cómo
podíamos darlo a las criaturas? Y si ellas sienten la infelicidad es porque dejan la Voluntad
Divina y se encierran en el pequeño campo de la voluntad humana. Por eso, conforme regresan
al Supremo Querer encuentran las alegrías, la felicidad, la potencia, la fuerza, la luz, la belleza
de su Creador, que haciéndolas como cosas propias, sienten en ellas una sustancia divina
connatural, que llega a darle alegría y felicidad en el mismo dolor, por eso entre el alma y
Nosotros es siempre fiesta, nos divertimos y nos deleitamos juntos. En cambio en la voluntad
humana no hay una potencia creadora, que al querer ejercitar las virtudes pueda crear la
paciencia, la humildad, la obediencia, etc., he aquí el por qué se siente el cansancio, la fatiga
para poder practicar las virtudes, porque falta la fuerza divina que las sostiene, la potencia
creadora que las alimenta y les da la vida; por tanto se ve la inconstancia y pasan con facilidad
de las virtudes a los vicios, de la oración a la disipación, de la Iglesia a las diversiones, de la
paciencia a la impaciencia, y toda esta mezcla de bienes y de males produce la infelicidad en la
criatura. En cambio, quien hace reinar en sí a mi Voluntad, siente la firmeza en el bien, siente
que todas las cosas le llevan la felicidad, la alegría, mucho más que todas las cosas creadas
por Nosotros tienen la marca, el germen de la alegría y de la felicidad de Aquél que las ha
creado, y fueron creadas por Nosotros a fin de que todas llevasen la felicidad al hombre, cada
una de las cosas creadas tiene el mandato de Nosotros, de llevar cada una la felicidad, la alegría
que poseen a la criatura, en efecto, ¿qué alegría y felicidad no lleva la luz del sol? ¿Qué placer
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