sobre la tierra, como hacen las virtudes, sino que Ella quiere tener todo y a todos como escabel
a sus pies, y cambiar todo el interior del alma y a las mismas virtudes en Voluntad Divina, en
una palabra, quiere su Cielo en el fondo del alma, de otra manera quedaría impedida y no podría
desenvolver su Vida Divina. Por eso la gran diferencia que hay entre las virtudes y mi Voluntad,
entre la santidad de la una y de la otra, las virtudes pueden ser de las criaturas y pueden formar
a lo más una santidad humana, mi Voluntad es de Dios y puede formar una santidad toda divina;
¡qué diferencia! Pero como las criaturas están habituadas a mirar en lo bajo, por eso le hacen
más impresión las pequeñas lamparitas de las virtudes, que el gran Sol de mi Voluntad”.
(3) Después me he encontrado fuera de mí misma en el momento en que surgía el sol, todas
las cosas cambiaban aspecto, las plantas quedaban brillantes, las flores recibían la vida de su
perfume y del diverso color que a cada una de ellas llevaba la luz del sol, todas las cosas recibían
sorbo a sorbo la vida de la luz del sol para desarrollarse y formarse, sin embargo una era la luz,
uno el calor, no se veía nada más, ¿pero de dónde salían tantos diversos efectos, tantos
variados tintes que daba a la naturaleza? Y mi dulce Jesús me ha dicho:
(4) “Hija mía, el sol contiene el germen de la fecundidad, el germen de la sustancia de todos
los colores, pero como la luz es más grande que los bienes que contiene, por eso los tiene
eclipsados todos en sí. No se puede dar una cosa si no se posee, así el sol no podría dar ni la
fecundidad, ni la dulzura a los frutos, ni el colorido a las flores, ni obrar tantas maravillas sobre
la tierra, de transformarla de un abismo de tinieblas en un abismo de luz, si no contuviera en sí
todos los efectos que produce. Símbolo de mi Voluntad es el sol, conforme surge sobre el alma
así la vivifica, la adorna de gracias, le da las tintas más bellas de los colores divinos, la
transforma en Dios, hace todo de un golpe, basta hacerla surgir para hacerla obrar cosas
maravillosas. Ella, con dar nada pierde, como nada pierde el sol con hacer tanto bien a la tierra,
más bien queda glorificada en el obrar de la criatura. Nuestro Ser está siempre en el perfecto
equilibrio, ni crece ni puede decrecer, ¿pero sabes cómo sucede? Imagínate un mar lleno hasta
el borde, un viento inviste la superficie y forma las olas, las cuales rompen fuera del mar, ahora,
este mar a pesar de que desborda nada ha perdido, pues conforme las aguas son desbordadas
fuera, prontamente han crecido y se ven a su mismo nivel de antes. Así sucede entre el alma y
Dios, ella se puede llamar el pequeño viento que forma las olas en el mar divino, de modo que
puede tomar cuanta agua quiera, pero nuestro mar permanecerá siempre en su nivel, porque
nuestra naturaleza no está sujeta a sufrir mutaciones; por eso, por cuanto más tomes más me
darás gusto y quedaré glorificado en ti”.
(5) Después de esto pensaba en la diferencia que hay entre quien se hace dominar por la
Voluntad de Dios, y entre quien se hace dominar por la voluntad humana. Mientras estaba en
esto veía delante a mi mente una persona encorvada, la frente tocaba las rodillas, estaba
cubierta con un velo negro, envuelta en una densa neblina que le impedía ver la luz. ¡Pobrecita!
Parecía borracha, y tambaleante ahora caía a la derecha y ahora a la izquierda, verdaderamente
daba piedad. Mientras esto veía, mi dulce Jesús se movió en mi interior diciéndome:
(6) “Hija mía, esta es la imagen de quien se hace dominar por la propia voluntad, el querer
humano curva tanto al alma, que está obligada a mirar siempre la tierra, así que mirando la
tierra, a ésta conoce y la ama; este conocimiento y este amor forman tantas exhalaciones que
forman aquella neblina densa y negra que la envuelve toda y le quita la vista del Cielo y la bella
luz de las verdades eternas, por eso la dote de la razón humana queda embriagada por las
cosas de la tierra, y por lo tanto no tiene el paso firme y trastabilla a derecha e izquierda, y más
se envuelve en las tinieblas densas que la circundan, por eso no hay desventura más grande,
que un alma que se hace dominar por su voluntad. En cambio, todo al contrario para quien se
hace dominar por mi Voluntad, Ella hace crecer al alma derecha, de manera que no puede
curvarse hacia la tierra sino que mira siempre el Cielo, este mirar siempre al Cielo forma tantas
exhalaciones de luz que la envuelven toda, y esta nube de luz es tan densa, que eclipsando
todas las cosas de la tierra las hace desaparecer todas, y en correspondencia le hace reaparecer
1152 sig