encuentre almas que me cierren las puertas y detengan mi acto continuo de la creación, y
entonces busco otro medio de dar, abundo, multiplico mi acto continuado en las almas que tienen
las puertas abiertas y con ellas me deleito y continúo el oficio de Creador. ¿Pero sabes tú dónde
no se interrumpe jamás este mi acto continuado? En el alma que vive en mi Voluntad, ¡ah! sí,
sólo en ella puedo hacer libremente lo que quiero, porque mi Voluntad que contiene el alma me
la prepara para recibir mi Fiat que salió fuera en la Creación, así que mi Voluntad poseída por
el alma y aquélla que tengo Yo, se dan la mano, se besan y forman los más grandes portentos,
por eso sé siempre atenta y tu vuelo sea siempre en mi Querer”.
(4) Después de esto estaba pensando en la Resurrección de Nuestro Señor, y Él, regresando
de nuevo ha agregado:
(5) “Hija mía, mi Resurrección completó, selló, me restituyó todos los honores y llamó a vida
a todas mis obras que hice en el curso de mi Vida sobre la tierra, y formó el germen de la
resurrección de las almas, y hasta la de los cuerpos en el juicio universal; así que sin mi
Resurrección, mi Redención habría sido incompleta y mis más bellas obras habrían sido
sepultadas. Así el alma, si no resurge del todo en mi Voluntad, todas sus obras quedan
incompletas, y si el frío en las cosas divinas serpentea, las pasiones la oprimen, los vicios la
tiranizan, todo eso formará la tumba donde sepultarla, porque faltando la Vida de mi Voluntad
faltará quién haga resurgir el fuego divino, faltará quién de un solo golpe elimine todas las
pasiones y haga resurgir todas las virtudes. Mi Voluntad es más que sol que eclipsa todo,
fecunda todo, convierte todo en luz y forma la completa resurrección del alma en Dios”.
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19-11
Abril 9, 1926
Diferencia entre las virtudes y la Divina Voluntad.
(1) Estaba pensando entre mí: “Mi dulce Jesús dice tantas cosas grandes, admirables,
altísimas, maravillosas de la Voluntad de Dios, y no obstante a mí me parece que las criaturas
no tienen de Ella el concepto que merece, ni tienen la gran impresión de las maravillas que en
Ella hay, más bien parece que la ponen a la par de las virtudes, y tal vez tengan en más aprecio
a estas virtudes que a la Santísima Voluntad de Dios”. Y mi siempre amable Jesús, moviéndose
en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿quieres saber el por qué? Porque no tienen el paladar purgado, y están
habituados a los alimentos ordinarios de este bajo mundo, como son las virtudes, y no a los
alimentos celestiales y divinos como es mi Querer. Este alimento celestial es gustado solamente
por aquél que tiene a la tierra, a las cosas y a las mismas personas como una nada, o bien,
todas en orden a Dios. Las virtudes que se pueden practicar sobre la tierra raramente están
excluidas de fines humanos, de estima propia, de propia gloria, amor por exhibirse ante las
personas y de agradar a éstas, y todos estos fines son como tantos gustos al paladar ordinario
del alma, y muchas veces se obra más por estos gustos que por el bien que contiene la virtud.
He aquí por qué hacen más impresión las virtudes, porque la voluntad humana gana siempre
alguna cosa; en cambio mi Voluntad, la primera cosa que echa por tierra es la voluntad humana,
y no tolera ningún fin que sea humano, Ella es de Cielo y quiere poner en el alma lo que es
Divino y pertenece al Cielo, así que el propio ‘yo’ queda en ayunas y se siente morir; pero si
sintiéndose morir y perdiendo la esperanza de que algún otro alimento le quede, se decide a
tomar el alimento de mi Voluntad, en cuanto lo toma, estando ya su paladar purgado, entonces
siente el gusto del alimento de mi Voluntad, tanto, que no lo cambiaría aun a costa de la propia
vida. Mi Voluntad no sabe congeniar con las cosas bajas y pequeñas que se pueden hacer