(4) “Hija mía, tú debes saber que mi Mamá Celestial pudo concebirme a Mí, Verbo Eterno, en
su seno purismo, porque hizo la Voluntad de Dios como la hacía Dios. Todas las demás
prerrogativas que poseía, como son, virginidad, concepción sin mancha original, santidad, mares
de gracia que poseía, no eran medios suficientes para poder concebir a un Dios, porque todas
estas prerrogativas no le daban ni la Inmensidad, ni la omnividencia para poder concebir a un
Dios inmenso que todo ve, mucho menos la fecundidad para poderlo concebir; en suma, habría
faltado el germen para la fecundidad divina. En cambio con poseer al Supremo Querer como
vida propia, y con el hacer la Voluntad de Dios como la hacía Dios, recibió el germen de la
fecundidad divina, y con ello la Inmensidad, la Omnividencia, y por eso en modo connatural me
pude concebir en Ella, no me faltaba ni la Inmensidad, ni todo lo que a mi Ser pertenece. Ahora
hija mía, también para ti será como connatural la concentración de todo lo que a mi Voluntad
pertenece si llegas a hacer la Divina Voluntad como la hace el mismo Dios. La Voluntad de Dios
en ti y aquélla que reina en Dios mismo será una sola, ¿qué maravilla entonces si todo lo que
es de Dios y que esta Voluntad rige, conserva y domina, sea también tuyo? Más bien, lo que se
necesita es que conozcas lo que a Ella pertenece, a fin de que puedas amar los bienes que
posees, y amándolos adquieras el derecho de posesión. Este hacer la Voluntad de Dios como
la hace Dios, fue el punto más alto, más substancioso, más necesario para mi Mamá para
obtener al suspirado Redentor, todas las demás prerrogativas fueron la parte superficial, la
decencia, el decoro que a Ella le convenía. Así es para ti, si quieres obtener el suspirado Fiat
debes llegar a esto de hacer la Voluntad de Dios como la hace Dios”.
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19-10
Abril 4, 1926
Todo lo que Nuestro Señor hace en el alma que vive en su Voluntad,
supera a todo lo que hizo en la Creación. La Divina Voluntad forma
la completa resurrección del alma en Dios.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, me sentía toda inmersa en mi amable Jesús, y mi
pobre mente se perdía en los conocimientos divinos, pero todo era silencio por parte mía y por
parte de Jesús, ni yo sé decir lo que mi mente comprendía. Poco después me ha hablado de
nuevo y me ha dicho:
(2) “Hija mía, todo lo que hago en el alma, ¡oh, cuánto supera a todo lo que hice en la Creación!
Mira, cada conocimiento que manifiesto sobre mis perfecciones, cada verdad que pertenece a
la Divinidad, es un nuevo cielo que extiendo en el alma, y conforme el alma se eleva en las
verdades conocidas para semejarse a su Creador, son nuevos soles que vengo a formar en el
espacio de estos cielos; cada gracia que Yo vierto y cada vez que renuevo la unión Conmigo,
son mares que se extienden en el alma, y su amor y su correspondencia forman el dulce
murmullo en estos mares y las olas impetuosas que se elevan hasta el Cielo, que van a
descargarse a los pies del trono divino. En cuanto el alma practica sus virtudes, como el cuerpo
contribuye junto al ejercicio de ellas, éste se puede llamar el pequeño terreno del alma, donde
Yo extiendo los más bellos prados floridos, donde Yo me deleito en crear siempre nuevas flores,
plantas y frutos.
(3) Si Yo soy un acto solo, y hecho una vez está hecho para siempre, también la Creación
debía ser un acto solo, y así como en la Creación mi acto solo continúa conservándola siempre
nueva, íntegra y fresca, en las almas mi crear es continuo, no lo interrumpo jamás, siempre,
siempre estoy en acto de formar cosas más bellas, cosas sorprendentes y nuevas, a menos que
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