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Marzo 31, 1926
Quien vive en la Voluntad de Dios debe poseer lo que
a Ella pertenece. El alma que vive en la Divina Voluntad,
debe hacer la Voluntad de Dios como la hace Dios.
(1) Mi pobre mente se perdía en el Divino Querer, y una luz interminable invadía el pequeño
cerco de mi inteligencia, y mientras esta luz me parecía como concentrada en mi mente, se
expandía fuera, llenaba toda la atmósfera y penetrando hasta en los Cielos me parecía como
concentrada en la Divinidad; ¿pero quién puede decir lo que se sentía y comprendía estando en
aquella luz? Se sentía la plenitud de la felicidad, ninguna cosa podía penetrar en aquella luz
que pudiese ensombrecer la alegría, la belleza, la fuerza y la penetración de los secretos divinos,
y el conocimiento de los secretos supremos. Entonces mi siempre amable Jesús, mientras yo
nadaba en aquella luz me ha dicho:
(2) “Hija mía, esta luz, este lugar tan encantador que no conoce ni ocaso ni noche es mi
Voluntad, todo está completo en Ella, felicidad, fuerza, belleza, conocimiento del Ser Supremo,
etc. Esta luz interminable que es nuestra Voluntad, salió del seno de la Divinidad como herencia
del hombre, la más bella herencia que podíamos darle; Ella salió de lo íntimo de nuestro seno,
llevando Consigo parte de todos nuestros bienes para hacerlos heredar por la criatura, y formarla
toda bella y santa y a semejanza de Aquél que la había creado. Mira entonces hija mía qué
significa hacer y vivir en mi Voluntad, no hay bien que exista en el Cielo y en la tierra que Ella
no posea, quiero que tú los conozcas, ¿de otra manera cómo puedes amarlos, poseerlos y
servirte de ellos en las diversas circunstancias si tú no los conoces? Si no sabes que tienes una
fuerza divina a tu disposición, por una nadería te abatirías; si no sabes que posees una belleza
divina, no tendrías el valor de estar Conmigo a lo familiar, te sentirías disímil de Mí y no tendrías
la osadía de arrebatarme que el Fiat venga a reinar sobre la tierra; si no conoces que todo lo
que he creado es tuyo, no me amarías en todas las cosas y no tendrías la plenitud del verdadero
amor; y así de todas las otras cosas. Si tú no conoces todos los bienes que posee mi Voluntad,
que no hay cosa que no pertenezca a Ella y que tú debes poseer, te sucedería como a un pobre
que le fuese dado un millón, pero sin hacerle conocer que en su pequeña covacha le ha sido
puesta aquella suma de dinero; pobrecito, como no conoce el bien que posee, continúa su vida
pobre, mal comido, vestido andrajosamente y bebiendo a sorbos las amarguras de su pobreza;
pero si en cambio lo conoce cambia su fortuna, cambia su covacha en un palacio, se alimenta
abundantemente, viste con decencia y bebe los dulces sorbos de su riqueza. Así que por
cuantos bienes pueda uno poseer, si no los conoce es como si no los tuviese; he aquí la causa
de por qué frecuentemente ensancho tu capacidad y te doy otros conocimientos sobre mi
Voluntad, y te hago conocer todo lo que a Ella pertenece, a fin de que no sólo poseas mi
Voluntad, sino todo lo que a Ella pertenece. Por otra parte, mi Supremo Querer para venir a
reinar en el alma quiere encontrar sus bienes, sus dominios, y el alma debe hacerlos suyos para
hacer que viniendo a reinar en ella, encuentre sus mismos dominios donde poder extender su
régimen, su mando, y si no encuentra Cielo y tierra en el alma, ¿sobre de qué debe reinar? He
aquí la necesidad por la cual mi Querer quiere concentrar en ti todos los bienes y tú debes
conocerlos, amarlos y poseerlos, a fin de que estando en ti pueda encontrar su reino, dominarlo
y regirlo”.
(3) Después estaba pensando en lo que Jesús me había dicho, y más que nunca veía mi
pequeñez y decía entre mí: “¿Cómo puedo yo concentrar todo lo que el Querer Divino contiene?
Me parece que por cuanto más dice, más pequeña me vuelvo y más incapaz me siento,
entonces, ¿cómo puede ser esto?” Y Jesús regresando ha agregado:
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