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Marzo 28, 1926
Con vivir en el Querer Divino todos los bienes quedan concentrados
en el alma. La finalidad primaria de la Redención fue el Fiat Divino.
(1) Habiendo recibido la Santa Comunión, estaba llamando a todos, a mi Reina Mamá, a los
santos, al primer hombre Adán, con el séquito de todas las generaciones hasta el último hombre
que vendrá sobre la tierra y además a todas las cosas creadas, a fin de que todos junto conmigo,
postrados en torno a Jesús lo adoráramos, lo bendijéramos y lo amáramos, a fin de que a Jesús
nada le faltara en torno a Él de todas las obras salidas de sus manos, ni un solo corazón que
palpita, ni un sol que refulge, ni la vastedad del cielo azul adornado de estrellas, ni el mar que
murmura, ni siquiera la pequeña florecita que eleva su perfume, todo y a todos quisiera
concentrar en torno a Jesús Hostia, a fin de que le rindieran los honores debidos; su Querer me
hacía todo presente como si todo fuera mío, y yo quería dar todo a Jesús. Ahora, mientras esto
hacía, me parecía que Jesús era feliz al mirar a todas las generaciones y las cosas suyas en
torno a Él, y estrechándome a Sí me ha dicho:
(2) “Hija mía, cómo estoy contento al ver en torno a Mí a todas mis obras, me siento restituir
la alegría, la felicidad que les di al crearlas, y Yo les correspondo con nueva felicidad; este es el
gran bien que contiene y lleva mi Voluntad, y en quien vive en Ella concentra los bienes de todos
en ella, porque mi Voluntad no hay bien que no lleve y vincula el alma a todos y a todo lo que a
Ella pertenece, así que si la criatura no se hubiese sustraído de mi Querer, Yo debía encontrar
a todos en una, y a cada una en todos; los bienes, la luz, la fuerza, la ciencia, el amor, la belleza,
debían ser comunes a todos, no debía haber ni tuyo ni mío, ni en el orden natural ni en el orden
espiritual, cada una de las criaturas podría tomar cuanto quisiera. Símbolo del sol debía ser la
vida humana en mi Voluntad, que todos pueden tomar la luz por cuanto quieran, sin que a
ninguno le falte; pero como se sustrajo de mi Voluntad, los bienes, la luz, la fuerza, el amor, la
belleza, quedaron divididos y como incompletos entre las criaturas, por eso no hubo más orden,
ni armonía, ni verdadero amor, ni hacia Dios ni entre ellos. ¡Oh! si el sol se pudiera dividir en
tantos rayos, separándose del centro de la luz, estos rayos solares terminarían volviéndose
tinieblas, y ¿qué sería de la tierra? ¡Ah, ciertamente ninguno habría podido tener más una luz
toda suya y toda para sí! Así fue de mi Voluntad, el hombre al sustraerse de Ella perdió la
plenitud de los bienes, la plenitud de la luz, de la fuerza, de la belleza, etc., y por eso fue obligado
a vivir con privaciones. Por eso sé atenta, tu vivir en mi Querer sea continuo, a fin de que tú
contengas todo y Yo encuentre a todos en ti”.
(3) Después estaba pensando entre mí: “Si tanto bien contiene el verdadero vivir en la
Suprema Voluntad, ¿por qué mi Mamá Celestial, que era toda Voluntad de Dios, no consiguió
junto al suspirado Redentor el Fiat Voluntas Tua como en el Cielo así en la tierra, y así hacer
regresar al hombre en aquel Fiat Supremo de donde salió, para darle nuevamente todos lo
bienes y el fin por el cual había sido creado? Mucho más que Ella, siendo toda Voluntad de
Dios, no tenía ningún alimento extraño a Dios, por lo tanto poseía la misma potencia divina y
con ésta todo podía conseguir”. Y mi dulce Jesús moviéndose de nuevo en mi interior,
suspirando ha agregado:
(4) “Hija mía, todo lo que hizo mi Mamá y todo lo que hice Yo en la Redención, su finalidad
primaria era que mi Fiat reinase sobre la tierra; no sería ni decoroso, ni verdadero amor, ni gran
magnanimidad, ni mucho menos obrar como aquel Dios que era, si viniendo al mundo debiera
y quisiera dar a las criaturas la cosa más pequeña, como eran los medios para salvarse, y no la
cosa más grande, como era mi Voluntad, que contiene no sólo los remedios sino todos los bienes
posibles que hay en el Cielo y en la tierra, y no sólo la salvación y la santidad, sino aquella
santidad que la eleva a la misma Santidad de su Creador. ¡Oh, si tú pudieras penetrar en cada