que todo por el decoro que le convenía a mi Voluntad, para hacer que viniendo Ella a reinar en
ti encontrase mi trabajo, mis plegarias incesantes que la invitaban a venir, el trono de mis obras,
de mis penas, donde pudiese dominar y formar su morada, la luz de su mismo conocimiento y
así pudiese encontrar en ti los honores y su misma gloria divina! Por eso eran necesarias las
tantas manifestaciones mías acerca de la Suprema Voluntad, por la decencia que le conviene.
Ahora tú debes saber que mi Voluntad es más grande y más interminable que la misma
Redención, y lo que es más grande lleva siempre frutos y bienes mayores. Mi Voluntad es
eterna, en el tiempo y en la eternidad no tuvo principio ni tendrá jamás fin, en cambio la
Redención, si bien es eterna en la mente divina, pero en el tiempo tuvo su principio y fue un
producto de la Eterna Voluntad, así que no fue la Redención la que dio vida al Divino Querer,
sino fue mi Querer el que dio vida a la Redención, y lo que tiene el poder de dar vida, por
naturaleza y por necesidad se debe volver más fructuoso que quien ha recibido la vida. Pero
esto no es todo, en la Creación, la Divinidad sacó fuera de Sí las sombras de su luz, las sombras
de su sabiduría, de su potencia, derramó todo su Ser en todo lo creado, así que la Belleza, la
armonía, el orden, el amor, la bondad de Dios que se ve en toda la Creación, son semejanzas
divinas, sombras de la Majestad Suprema; en cambio mi Voluntad, no nuestra semejanza,
nuestra sombra, sino que Ella salió fuera en el campo de la Creación como vida de todas las
cosas creadas, así que Ella es vida, base, sostén, vivificación y conservación de todo lo que ha
salido de nuestras manos creadoras, por eso a la Suprema Voluntad todo se debe, mi misma
Redención, ante Ella dobló las rodillas para implorar que se constituyese vida de cada acto mío,
de mi latido, de mi sufrir y hasta de mi respiro, a fin de que pudiese hacer correr en las criaturas
las ayudas vitales para salvarlas. Mi Redención se puede llamar el árbol, cuya raíz es la Divina
Voluntad, y así como esta raíz ha producido el tronco, las ramas, las hojas, las flores de todos
los bienes que hay en la Iglesia, así también debe producir el fruto de vida que contiene la raíz
de este árbol. Y además, la Creación salió de Nosotros con el único fin de que nuestra Voluntad
fuese conocida, amada más que la misma vida, y por eso se constituyó vida de todo, a fin de
que fuese cumplida; todas las otras cosas creadas por Nosotros, y aun la misma Redención,
fueron dadas como ayudas para facilitar nuestra finalidad, por lo tanto, si no obtenemos nuestra
primera finalidad, ¿cómo podemos obtener nuestra gloria completa y cómo la criatura podría
recibir el bien establecido por Nosotros? Además de esto, la Creación, la Redención y el Fiat
Voluntas Tua como en el Cielo así en la tierra, simbolizan la Trinidad Sacrosanta, en la que las
Divinas Personas son inseparables entre Ellas, así también éstas son inseparables entre ellas,
una da la mano a la otra, una ayuda a la otra, pero el triunfo, la gloria, es de las tres, y como
nuestra Voluntad ha tenido su puesto primario en todas nuestras obras, por eso la Creación y la
Redención quedan eclipsadas y como perdidas en la inmensidad e interminabilidad de la
Suprema Voluntad. Ella todo envuelve y tiene a las mismas cosas hechas por Nosotros como
su trono donde reina y domina, por lo tanto, si Ella es todo, ¿por qué te maravillas de que dará
frutos mayores que las otras obras nuestras? Y el hombre recibirá aquella Vida que tiene y no
conoce, la cual la tiene como comprimida, ahogada, debilitada, y Ella gime, suspira, porque
quiere desenvolver su Vida y no le es concedido; por eso sé atenta, porque el conocimiento de
mi Voluntad sacudirá al hombre, y será como cemento a la polilla que produjo el pecado original
al árbol de las generaciones humanas, y así, reforzada la raíz, la criatura podrá hacer vivir en sí
aquella Vida que con tanta ingratitud rechazó”.
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