(3) Ahora, tú debes saber que nuestro amor también contigo quiere hacer este juego de azar,
a fin de que tú, unida con la Mamá Celestial nos hagas vencer en el juego rehaciéndonos de la
falla que nos procuró el primer hombre, Adán, así nuestra Voluntad rehecha en sus victorias
puede poner de nuevo en campo sus bienes que con tanto amor quiere dar a las criaturas; y así
como por medio de la Virgen Santa, porque estaba rehecho en mi juego, hice surgir el Sol de la
Redención para salvar a la humanidad perdida, así por medio tuyo haré resurgir el Sol de mi
Voluntad, para que haga su camino en medio de las criaturas. He aquí la causa de tantas
gracias mías que vierto en ti, los tantos conocimientos sobre mi Voluntad, esto no es otra cosa
que mi juego de azar que estoy formando en ti, por eso sé atenta, a fin de que no me des el más
grande de los dolores que podría recibir en toda la historia del mundo, que mi segundo juego
sea fallido. ¡Ah, no, no me lo harás, mi amor saldrá victorioso y mi Voluntad encontrará su
cumplimiento!”.
(4) Jesús ha desaparecido y yo he quedado pensativa sobre lo que me había dicho, pero toda
abandonada en el Querer Supremo. Por eso, en todo lo que escribo, –sólo Jesús sabe el
desgarro de mi alma y la gran repugnancia a poner sobre el papel estas cosas que habría
querido sepultar– me sentía luchar con la misma obediencia, pero el Fiat de Jesús ha vencido,
y continúo escribiendo lo que yo no quería. Entonces mi dulce Jesús ha regresado y viéndome
pensativa me ha dicho:
(5) “Hija mía, ¿por qué temes? ¿No quieres que Yo juegue contigo? Tú no pondrás otra cosa
tuya que la pequeña llamita de tu voluntad que Yo mismo te di al crearte, así que todo el azar
de mis bienes será mío, ¿no quieres ser tú la copia de mi Mamá? Por eso ven junto Conmigo
delante al trono divino y ahí encontrarás la llamita de la voluntad de la Reina del Cielo a los pies
de la Majestad Suprema, que Ella puso en el juego divino, porque para jugar se necesita poner
siempre alguna cosa propia, de otra manera quien vence no tiene qué tomar, y quien pierde no
tiene qué dejar. Y como Yo vencí en el juego con mi Mamá, Ella perdió la llamita de su voluntad,
pero, ¡feliz pérdida! Con el haber perdido su pequeña llamita, dejándola como homenaje
continuo a los pies de su Creador, formó su Vida en el gran fuego divino, creciendo en el océano
de los bienes divinos, y por eso pudo obtener al Redentor suspirado. Ahora te toca a ti poner la
llamita de tu pequeña voluntad al lado de la de mi inseparable Mamá, a fin de que también tú te
formes en el fuego divino y crezcas con los reflejos de tu Creador, y así puedas obtener gracia
ante la Suprema Majestad de poder obtener el suspirado Fiat. Estas dos llamitas se verán a los
pies del trono supremo, por toda la eternidad, que no han tenido vida propia y que una obtuvo
la Redención y la otra el cumplimiento de mi Voluntad, único fin de la Creación, de la Redención
y de mi desquite de mi juego de azar al crear al hombre”.
(6) En un instante me he encontrado delante a aquella luz inaccesible, y mi voluntad bajo
forma de llamita se ha puesto al lado de aquélla de mi Mamá Celestial para hacer lo que ella
hacía, ¿pero quién puede decir lo que se veía, comprendía y hacía? Me faltan las palabras y
por eso pongo punto. Y mi dulce Jesús ha agregado:
(7) “Hija mía, la llamita de tu voluntad la he vencido y tú has vencido la mía; si tú no perdías
la tuya no podías vencer a la mía, ahora los dos somos felices, ambos somos victoriosos, pero
mira la gran diferencia que hay, en mi Voluntad basta hacer una vez un acto, una oración, un te
amo, porque tomando su lugar en el Querer Supremo queda siempre a hacer el mismo acto, la
oración, el te amo, sin interrumpirlo jamás, porque cuando se hace un acto en mi Voluntad, ese
acto no está sujeto a interrupción, hecho una vez queda hecho para siempre, es como si siempre
lo estuviera haciendo. El obrar del alma en mi Voluntad entra a tomar parte en los modos del
obrar divino, que cuando obra hace siempre el mismo acto sin tener necesidad de repetirlo.
¿Qué serán tus tantos ‘te amo’ en mi Voluntad que repetirán siempre su estribillo, ‘te amo, te
amo’? Serán tantas heridas para Mí y me prepararán a conceder la gracia más grande: Que mi
Voluntad sea conocida, amada y cumplida. Por eso en mi Voluntad las plegarias, las obras, el
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