no se debe oponer a comunicar lo que respecta a mi Voluntad, todo el resto de los secretos, los
vuelos que haces en mi Querer, los bienes que tomas, las cosas más íntimas entre Yo y tú
permanecerán en el sagrario de los secretos divinos. No temas, tu Jesús te contentará en todo”.
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19-5
Marzo 9, 1926
La Creación forma la gloria muda de Dios. Al crear al hombre
fue un juego de azar, el cual falló, pero se debe rehacer.
(1) Mi pobre alma nadaba en el mar interminable del Querer Divino, y mi siempre amable
Jesús me hacía ver en acto toda la Creación; qué orden, qué armonía, cuántas variadas
bellezas, cada cosa tenía el sello de un amor increado que corría hacia las criaturas, que
descendiendo en el fondo de cada corazón gritaban en su mudo lenguaje: “Ama, ama a Aquél
que tanto ama”. Yo sentía un dulce encanto al ver a toda la Creación, su mutismo amoroso, que
más que voz potente hería mi pobre corazón, tanto, que me sentía venir a menos, y mi dulce
Jesús sosteniéndome en sus brazos me ha dicho:
(2) “Hija mía, toda la Creación dice: ‘Gloria, adoración hacia nuestro Creador, amor hacia las
criaturas’. Así que la Creación es una gloria, una adoración muda para Nosotros, porque no le
fue concedida ninguna libertad, ni de crecer ni de decrecer, la sacamos fuera de Nosotros, pero
la dejamos en Nosotros, esto es, dentro de nuestra Voluntad a alabar, si bien en forma muda,
nuestra potencia, belleza, magnificencia y gloria, así que somos Nosotros mismos que nos
alabamos nuestra potencia, nuestra gloria, el infinito amor, nuestra potencia, bondad, armonía
y belleza; la Creación nada nos da por sí misma, si bien siendo ella el desahogo de todo nuestro
Ser Divino, sirve de espejo al hombre para mirar y conocer a su Creador, y le da lecciones
sublimes de orden, de armonía, de santidad y de amor, se puede decir que el mismo Creador
poniéndose en actitud de Maestro Divino, da tantas lecciones por cuantas cosas creó, de la más
grande a la más pequeña obra que salió de sus manos creadoras. No fue así al crear al hombre,
nuestro amor fue tanto por él, que sobrepasó todo el amor que tuvimos en la Creación, por eso
lo dotamos de razón, de memoria y de voluntad, y poniendo nuestra Voluntad como en un banco
en la suya, la multiplicase, la centuplicase, no para Nosotros que no teníamos necesidad, sino
para su bien, a fin de que no quedase como las otras cosas creadas, mudas y en aquel punto
como Nosotros las sacamos a la luz, sino que creciera siempre, siempre, en gloria, en riquezas,
en amor y en semejanza con su Creador, y para hacer que él pudiese encontrar todas las ayudas
posibles e imaginables, le dimos a su disposición nuestra Voluntad, a fin de que obrase con
nuestra misma potencia el bien, el crecimiento, la semejanza que quería adquirir con su Creador.
Nuestro amor al crear al hombre quiso hacer un juego de azar, poniendo nuestras cosas en el
pequeño cerco de la voluntad humana como en el banco, nuestra belleza, sabiduría, santidad,
amor, etc., y nuestra Voluntad que debía hacerse guía y actor de su obrar, a fin de que no sólo
lo hiciera crecer a nuestra semejanza, sino que le diese la forma de un pequeño dios. Por eso
nuestro dolor fue grande al vernos rechazar estos grandes bienes por la criatura, y nuestro juego
de azar quedó malogrado, pero aun fallido, era siempre un juego divino que podía y debía
rehacerse de su falla. Por eso, después de tantos años quiso de nuevo mi amor jugar al azar,
y fue con mi Mamá Inmaculada, en Ella nuestro juego no quedó malogrado, tuvo su pleno efecto,
y por eso todo le dimos y todo a Ella le confiamos, más bien se formaba una competencia,
Nosotros a dar y Ella a recibir.