En la palabra “Spiritui Sancto” se veía investir todas las cosas de un amor hablante, obrante y
vivificante; pero, ¿quién puede decirlo todo? Mi pobre mente me la sentía inmersa en las
bienaventuranzas eternas, y mi adorable Jesús queriéndome hacer volver en mí misma me ha
dicho:
(4) “Hija mía, ¿sabes por qué te ha tocado a ti decir la segunda parte del Gloria? Estando en
ti mi Voluntad te convenía a ti llevar la tierra al Cielo, para dar a nombre de todos, junto con la
corte celestial, aquella gloria que no tendrá jamás fin, por todos los siglos de los siglos. Las
cosas eternas que jamás tienen fin se encuentran sólo en mi Voluntad, y quien la posee se
encuentra en comunicación con el Cielo, y lo que hacen en las regiones celestiales, ella toma
parte en todo y se encuentra como en acto junto a los habitantes celestiales.”
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19-4
Marzo 6, 1926
Así como de la Mamá Celestial se supo la cosa más importante,
que el Hijo de Dios era Hijo suyo, así será de la hija de la Divina
Voluntad, sólo se sabrá lo más importante para hacerla conocer
a Ella. El bien no conocido no tiene camino para comunicarse.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús ha venido, y tomándome
la mano en la suya me atraía a Él en lo alto, entre el cielo y la tierra, y yo casi temiendo me
estrechaba a Jesús, tomándome fuerte de su santísima mano, y queriendo desahogar con Él mi
pena que tanto me oprime le he dicho:
(2) “Amor mío y vida mía, Jesús, tiempo atrás Tú me decías que querías hacer de mí una
copia de mi Mamá Celestial, sin embargo de Ella casi nada se supo de los tantos mares de
gracia con los que Tú a cada instante la inundabas, no dijo nada a ninguno, todo se lo reservó
para Sí, ni el evangelio dice nada, sólo se sabe que fue tu Mamá y que dio al mundo al Verbo
Eterno, a Ti, pero todo lo que pasó entre Tú y Ella de favores, de gracia, se los reservó todos
para Sí misma. Pero para mí quieres al contrario, quieres que manifieste lo que me dices, no
quieres el secreto de lo que pasa entre Tú y yo. Por eso estoy doliente, ¿dónde está entonces
la copia que quieres hacer en mí de mi Mamá Celestial?” Y mi dulce Jesús estrechándome
fuerte a su corazón, todo ternura me ha dicho:
(3) “Hija mía, ánimo, no temas, así como fue de mi Mamá, que no se supo otra cosa que lo
que fue necesario, que Yo era su Hijo y que por medio de Ella vine a redimir las generaciones
humanas, y que fue Ella la primera en la cual Yo tuve mi primer campo de acciones divinas en
su alma; todo el resto, de los favores, de los mares de gracias que recibió, quedó en el sagrario
de los secretos divinos, sin embargo se supo la cosa más importante, más grande, más santa,
que el Hijo de Dios era Hijo suyo, esto para Ella era el honor más grande y que la ponía por
encima de todas las criaturas; por tanto sabiéndose lo más de mi Mamá, lo menos no era
necesario. Así será de mi hija, sólo se sabrá que mi Voluntad ha tenido su primer campo de
acción divina en tu alma, y todo lo que es necesario para hacer conocer lo que respecta a mi
Voluntad y cómo quiere salir en campo para hacer que la criatura regrese a su origen, cómo con
ansia la espera en sus brazos, a fin de que no más haya división entre Yo y ella. Si esto no se
supiera, ¿cómo pueden suspirar este gran bien? ¿Cómo disponerse a una gracia tan grande?
Si mi Mamá no hubiese querido hacer conocer que Yo era el Verbo Eterno e Hijo suyo, ¿qué
bien habría producido la Redención? El bien no conocido, por cuan grande sea, no tiene
caminos para comunicar el bien que posee. Y así como mi Mamá no se opuso, así la hija mía
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