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I. M. I.
Fiat Sempre
19-1
Febrero 23, 1926
Jesús la llama la pequeña recién nacida para hacer que renazca
siempre en su Santo Querer a nueva belleza, a nueva santidad,
a nueva luz, a nueva semejanza con su Creador.
(1) Amor mío y vida mía, Jesús, ven Tú en ayuda de mi debilidad y de mi renuencia a escribir,
más bien haz que venga a escribir tu misma Voluntad, a fin de que nada ponga de lo mío, sino
solamente lo que Tú quieres que escriba, y Tú, Mamá mía y Madre Celestial de la Divina
Voluntad, ven a llevarme la mano mientras escribo, dame las palabras, facilítame los conceptos
que Jesús pone en mi mente, a fin de que pueda escribir dignamente acerca de la Santísima
Voluntad, de modo de volver contento a mi dulce Jesús.
(2) Estaba pensando entre mí: “¿Por qué Jesús bendito me llama frecuentemente la pequeña
recién nacida de su Santísima Voluntad? Tal vez porque soy mala aún, y no habiendo dado un
solo paso en su Voluntad, con razón me llama recién nacida apenas”. Ahora, mientras esto
pensaba, mi adorable Jesús me ha puesto los brazos al cuello y estrechándome fuerte a su
corazón me ha dicho:
(3) “A mi pequeña recién nacida de mi Voluntad nada quiero negarle; ¿quieres saber por qué
te llamo la pequeña recién nacida? Recién nacida significa estar en acto de nacer, y como tú
debes renacer en cada acto tuyo en mi Querer, y no sólo eso, sino que mi Voluntad para
rehacerse de todas las oposiciones de las voluntades humanas quiere llamarte en mi Querer a
hacerte renacer tantas veces por cuantas veces las voluntades humanas se han opuesto a la
suya, por eso es necesario conservarte siempre recién nacida. Quien está en acto de nacer es
fácil hacerla renacer cuantas veces se quiera y conservarla sin el crecimiento de la voluntad
humana, pero cuando el alma crece, resulta más difícil conservarla sin la vida del propio yo.
Pero esto no es todo, a la recién nacida de mi Voluntad era necesario, conveniente, decoroso,
para ella y para nuestra misma Voluntad, que se uniera a aquel acto único del Eterno, que no
tiene sucesión de actos, y así como este acto único da al Ser Divino toda la grandeza, la
magnificencia, la inmensidad, la eternidad, la potencia, en suma, encierra todo para poder hacer
salir de este acto único todo lo que quiere, así nuestra pequeña recién nacida en nuestra
Voluntad, uniéndose con el acto único del Eterno, debía hacer siempre un solo acto, esto es,
estar siempre en acto continuo de nacer, hacer siempre un solo acto: ‘Nuestra Voluntad’. Y
mientras hace un solo acto, renacer continuamente, pero, ¿a qué cosa renacer? A nueva
belleza, a nueva santidad, a nueva luz, a nueva semejanza con su Creador; y conforme tú
renaces en nuestro Querer, así la Divinidad se siente correspondida en la finalidad por la que
puso fuera a la Creación, y se siente regresar las alegrías y la felicidad que debía darle la
criatura, y estrechándote al seno divino te colma de alegría y de gracias infinitas, y te manifiesta
otros conocimientos sobre nuestra Voluntad, y no dándote tiempo te hace renacer de nuevo en
nuestro Querer. Además de esto, estos nacimientos continuos te hacen morir continuamente a
tu voluntad, a tus debilidades, a las miserias, a todo lo que no pertenece a nuestro Querer.
¡Cómo es bella la suerte de mi pequeña recién nacida! ¿No estás contenta? Mira, también Yo
nací una vez, pero aquel nacimiento me hace nacer continuamente, renazco en cada hostia
consagrada, renazco cada vez que la criatura regresa a mi Gracia; el primer nacimiento me dio
31 Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa Piccarreta