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Febrero 21, 1926
Cada manifestación sobre la Divina Voluntad es un parto de Ella, y
cada acto hecho en Ella es agua que forma para engrandecer el
mar de la Voluntad Eterna en torno al alma.
(1) Me sentía toda inmersa en el Santo Querer Divino, un aire celestial y divino me circundaba,
y una luz inaccesible me hacía presentes, como en acto, todos los actos del Querer Supremo,
los cuales encontrando en mí el mismo Querer, me daban su beso y su amor, y yo les daba
nuevamente mi beso e imprimía mi te amo en cada acto del Querer Eterno. Me parecía que
todos querían ser reconocidos por mí para tener mi correspondencia, acuerdo perfecto y
recíproca posesión. Ahora, mientras me encontraba en este estado, mi dulce Jesús ha salido
de dentro de mi interior, y con sus manos divinas me ataba en aquella luz, en modo que nada
más veía que a Jesús, su Voluntad y todo lo que Ella hacía; cómo me sentía feliz, cuántas
alegrías inexpresables sentía, Jesús mismo estaba todo en fiesta y sentía tal contento al verme
toda para su Querer y en su Querer, que parecía que olvidaba todo para ocuparse sólo de su
Voluntad, a fin de que fuese completa en mí, y triunfando sobre todo pudiese tener la finalidad
para la cual todas las cosas fueron creadas. Después me ha dicho:
(2) “Hija mía, pequeña recién nacida de mi Voluntad, tú debes saber que quien ha nacido en
mi Voluntad puede ser también madre, dando a luz muchos hijos a mi Supremo Querer. Para
ser madre es necesario tener materia suficiente en el interior, para poder formar con su sangre,
con su carne y con los alimentos continuos el parto que se quiere dar a luz. Si no está el germen
y la materia suficiente, es inútil esperar ser madre. Ahora en ti, habiendo nacido en mi Querer,
está el germen de la fecundidad, como también está la materia suficientísima de todas las
manifestaciones que te he hecho acerca de mi Querer, cada conocimiento que te he dado, se
puede decir que puede dar a luz un hijo a mi Voluntad; tus actos continuos en mi Querer son
alimentos abundantes para formarlos primero en ti a estos hijos del Cielo, y después sacarlos
fuera como triunfo, honor, gloria y corona de mi Voluntad y perenne alegría de la madre que los
ha parido. Ve entonces qué significa una manifestación de más, es un parto de más que hace
mi Voluntad, es una Vida Divina que sale para bien de las criaturas, es un debilitar las fuerzas
de la voluntad humana para constituir en ella la fuerza de la Voluntad Divina. Cómo debes
entonces estar atenta a no perder nada, aun de las más pequeñas manifestaciones que te hago,
porque vendrías a quitarme el honor de tener un hijo de más, que puede narrar a todos un bien
de más sobre mi Voluntad para darlo a las criaturas, y entonces poderla amar de más y hacerse
sojuzgar por la potencia de mi Supremo Querer”.
(3) Entonces, no sé cómo me sentía el acostumbrado temor que pudiese salir mínimamente
de la Santísima Voluntad, y mi siempre amable Jesús ha regresado de nuevo y todo amor me
ha dicho:
(4) “Hija mía, ¿por qué temes? Escucha, cuando te afanas y te afliges por temor de salir de
mi Querer, Yo me río y me divierto, porque sé que es tanta el agua del mar de mi Voluntad que
te circunda, que no encontrarías los confines para salir de él; dondequiera que quisieras dirigir
tus pasos, a la derecha o a la izquierda, hacia adelante o hacia atrás, caminarías, sí, pero
siempre en el agua del mar de mi Voluntad, y esta agua la has formado tú misma con los tantos
actos que has hecho en Ella, porque siendo mi Voluntad interminable, haciendo tus actos en
Ella venías a formar en torno a ti un mar del cual no puedes salir. Así que cada acto que haces
viene a formar nueva agua para ensanchar mayormente el mar de la Suprema Voluntad dentro
y fuera de ti. Tus mismos temores de salir del origen donde has nacido, son oleadas que formas,
que agitándote te profundizan de más en el abismo del mar de mi Querer. Por eso Yo no te
hago ningún reproche, porque sé donde estás y cómo estás; y más bien llamo tu atención a vivir
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