18-25
Febrero 18, 1926
Cada manifestación sobre la Voluntad Divina es una
bienaventuranza que brota de Dios, y cada acto de
voluntad humana rechaza estas bienaventuranzas.
(1) Me sentía oprimida por tantos pensamientos que giraban en mi mente, con el agregado de
la privación de mi dulce Jesús; y mientras luchaba entre la esperanza de que no me habría
dejado por largo tiempo sin Él, y entre el temor de no verlo más, mi amable Jesús me ha
sorprendido y me ha llenado toda de Sí mismo, de modo que no me veía más a mí, sino sólo a
Jesús, el cual formaba en torno a Él un mar inmenso de muchas llamitas, y éstas eran todas las
verdades que se referían a la Divinidad y a su amable Querer. Yo habría querido tomar aquellas
llamitas para conocer a Aquél que es todo para mí y hacerlo conocer por todos, pero qué, en
algunas cosas no encontraba las palabras humanas para expresarlas, dónde la pequeñez de mi
mente no las podía contener, dónde lo infinito que no me era dado abrazar, dónde lo inmenso
en lo cual yo quedaba dispersa. De todo comprendía alguna cosa, pero, ¡ay de mí! el lenguaje
celeste es muy diferente del lenguaje terrestre, por lo tanto no encontraba las palabras
adecuadas para hacerme comprender, mucho más que estando con Jesús yo tengo el mismo
lenguaje de Él, nos comprendemos de maravilla los dos, pero retirándose Jesús y
encontrándome en mí misma, siento tal cambio, que con dificultad puedo decir alguna cosa, y
quizá media deforme y balbuceando como una pequeña niña. Entonces, mientras nadaba en
aquel mar de llamitas, mi amado Jesús me ha dicho:
(2) “Es justo que la pequeña recién nacida de mi Querer Supremo tome parte en las
bienaventuranzas, alegrías y felicidad de Aquél que la ha sacado a la luz. Todas estas llamitas
que tú ves en el mar interminable de mi Voluntad, son símbolos de las bienaventuranzas,
alegrías y felicidad secretas que Ella contiene; digo secretas porque no habiendo manifestado
aún la plenitud del conocimiento que el Querer Eterno contiene, ni habiendo disposiciones
convenientes en las criaturas para manifestarlas, todas estas bienaventuranzas están ad intra
en la Divinidad, esperando que sean sacadas fuera para quien debía nacer, vivir y hacer vida
en nuestro Querer sin interrupción alguna, porque siendo una su voluntad con la nuestra, todas
las puertas divinas están abiertas y nuestros más íntimos secretos develados, las alegrías y las
bienaventuranzas se vuelven comunes, por cuanto a criatura es posible. Así que mira hija mía,
cada manifestación que te hago sobre mi Voluntad es una bienaventuranza que brota del seno
de la Divinidad, la cual no sólo te hace feliz y te dispone mayormente a vivir en mi Querer, sino
que te prepara a otros nuevos conocimientos, y no sólo esto, sino que todo el Cielo queda
inundado de aquella nueva bienaventuranza que ha salido de nuestro seno. ¡Oh, cómo te
agradecen y ruegan que Yo continúe las manifestaciones sobre mi Voluntad! Estas
bienaventuranzas fueron encerradas en Nosotros por la voluntad humana, y cada acto de
voluntad humana es una cerradura a estas bienaventuranzas celestiales, no sólo en el tiempo
sino también en la eternidad, porque cada acto de mi Voluntad hecho en la tierra arroja la semilla
en el alma de aquella bienaventuranza que deberá gozar en el Cielo, sin la semilla es inútil
esperar la planta. Por eso te quiero siempre más adentro en mi Querer”.
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