Muerte del confesor. 30
Temor de hacer la propia voluntad.
18-22
Enero 30, 1926
(1) Me encontraba en lo sumo de mi afiliación por la muerte fulminante de mi confesor; a mis
tantas penas internas por las frecuentes privaciones de mi dulce Jesús, ha querido agregar un
golpe tan doloroso para mi pobre corazón, privándome de aquél que era el único que conocía
mi pobre alma, pero el Fiat Voluntas Tua sea siempre hecho, amado y adorado. La tierra era
indigna de poseer a tal persona, por eso el Señor para castigarnos se lo ha llevado al Cielo.
Entonces, en mi inmensa amargura de ser dejada sin confesor, no sabiendo yo misma a quién
dirigirme, rogaba a mi amable Jesús por aquella alma bendita diciendo: “Amor mío, si me lo has
quitado a mí, al menos llévalo Contigo derecho al Cielo”. Y llorando le decía: “Lo pongo en tu
Voluntad, Ella contiene todo: Amor, luz, belleza, todos los bienes que se han hecho y se harán,
a fin de que lo purifiquen, lo embellezcan, lo enriquezcan de todo lo que se necesita para estar
en tu presencia, y así nada encontrarás en él que impida su entrada al Cielo”.
(2) Ahora, mientras esto hacía y decía, he visto ante mí un globo de luz, y dentro de aquella
luz el alma de mi confesor que tomaba el camino del Cielo, sin decirme ni siquiera una palabra.
Yo he quedado consolada, sí, por su suerte, pero sumamente amargada por la mía, y rogaba a
Jesús que habiéndome quitado el confesor y no teniendo yo a quién dirigirme, que por su bondad
me liberara del fastidio que daba al confesor, pero no como querido por mí, sino como querido
por Él, porque siento que si Jesús me lo concediese como querido por mí, sentiría como si me
faltase la tierra bajo los pies, el cielo sobre la cabeza, el latido en el corazón, así que para mí
sería una desgracia en vez de una gracia. Y toda abandonada en el dolor ofrecía todo a Jesús
para que me diera la gracia de cumplir en todo su Santísima Voluntad. Y Jesús, teniendo
compasión de mi dolor me ha estrechado toda a Él y me ha dicho:
(3) “Hija mía, ánimo, no temas, no te dejo, estaré siempre contigo y te prometo que si ningún
sacerdote quiere prestarse para tu asistencia, no queriendo ellos seguir mi Voluntad, Yo, no
porque lo quieres tú sino porque lo quiero Yo, te libraré de su fastidio. Por eso no temas, que
no haré entrar tu voluntad de por medio, haré todo por Mí, seré celoso aun de tu respiro, que no
entre en él tu voluntad sino sólo la mía”.
(4) Después, al llegar la noche sentía tal temor de que el bendito Jesús me sorprendiera y me
hiciera caer en el estado de mis acostumbrados sufrimientos, que temblaba y lloraba; mucho
más porque sentía como si yo quisiera que me liberase, y el bendito Jesús ha salido de dentro
de mi interior, y poniendo su rostro cerca del mío lloraba, tanto, que he sentido bañar mi rostro
por sus lágrimas, y sollozando me ha dicho:
(5) “Hija mía, ten paciencia, recuerda que sobre ti pesa la suerte del mundo. ¡Ah, tú no sabes
qué significa estar en este estado de penas junto Conmigo aunque sea media hora o cinco
minutos! Es mi Vida real que se repite sobre la tierra, es esta Vida Divina que sufre, que ruega,
que repara en ti, que traslada en ti mi misma Voluntad, para hacer que obre en ti como obraba
en mi Humanidad; ¿y a ti te parece poco?”
(6) Y haciendo silencio continuaba llorando. Yo me sentía despedazar el corazón al ver llorar
a Jesús, y comprendía que lloraba por mí, para darme la gracia de que su Voluntad tuviera sus
plenos derechos sobre mí y que mantuviera íntegra su Vida en mi alma, y que mi voluntad jamás
tuviese vida; así que sus lágrimas eran para poner a salvo su Voluntad en mi pobre alma.
Lloraba también por los sacerdotes para darles su gracia para que comprendiesen sus obras, a
fin de que se prestaran también ellos a cumplir su Voluntad.
30 Don Francesco Di Benedictis
1127 sig