alimento exquisito de nuestra Voluntad. Pero después del pecado, ¡pobrecito! perdió el camino
directo de comunicación con su Creador, no reinaba más en él el puro amor; el amor fue dividido
por el temor, por el miedo, y no conteniendo más el absoluto dominio de la Suprema Voluntad,
sus actos de antes hechos después del pecado, no tenían más aquel valor. Mucho más, pues
toda la Creación, incluido también el hombre salió del Eterno Creador, que es como fuente de
vida, en la cual debían conservarse sólo con la Vida de la Divina Voluntad, todo debía estar
basado en Ella, y esta base de Divino Querer debía conservar todas las cosas bellas, nobles,
como habían salido de Dios, como de hecho están todas las cosas creadas, tal como fueron
creadas tales son, ninguna ha perdido nada de su origen, sólo el hombre perdió la vida, la base,
y por esto perdió su nobleza, la fuerza, la semejanza con su Creador. Pero a pesar de todo esto
mi Voluntad no dejó del todo al hombre, y no pudiéndole ser más fuente de vida y base que lo
sostenía, porque él mismo se había sustraído de Ella, se ofreció como medicina para hacer que
no pereciera del todo. Así que mi Voluntad es medicina, es salud, es conservación, es alimento,
es vida, es plenitud de la más alta santidad, y según la quiera la criatura, Ella se ofrece: Si la
quiere como medicina, Ella se ofrece para quitarle la fiebre de las pasiones, las debilidades de
las impaciencias, los vértigos de la soberbia, el malestar de los apegos, y así de todo el resto de
los males; si la quiere como salud, Ella se ofrece para conservarla sana, para liberarla de
cualquier mal espiritual; si la quiere como alimento, Ella se da como alimento para hacerle
desarrollar las fuerzas y hacerla crecer más en la santidad; si la quiere como vida y como plenitud
de santidad, ¡oh! entonces mi Voluntad hace fiesta, porque ve regresar al hombre al regazo de
su origen, de donde salió, y se ofrece a darle la semejanza con su Creador, finalidad única de
su creación. Mi Voluntad jamás deja al hombre, si lo dejara se resolvería en la nada; y si no se
presta a hacerse hacer santo por mi Voluntad, Ella usa los modos al menos para salvarlo”.
(3) Yo al oír esto, decía entre mí: “Jesús, amor mío, si tanto amas el que tu Voluntad obre en
la criatura como en el acto en el cual Tú la creaste, como si no hubiera habido ninguna rotura
entre tu Voluntad y la de la criatura, ¿por qué al venir a la tierra a redimirnos no nos diste este
gran bien, que tu Voluntad triunfante sobre todo nos pusiera en el orden de la Creación, como
salimos de las manos de nuestro Padre Celestial?” Y Jesús saliendo de mi interior, me estrechó
toda a su corazón, y con ternura indecible me ha dicho:
(4) “Hija mía, la finalidad primaria de mi venida a la tierra fue precisamente esto, que el hombre
regresara al seno de mi Querer, como salió de él cuando fue creado; pero para hacer esto debí
formar por medio de mi Humanidad la raíz, el tronco, las ramas, las hojas, las flores de las cuales
debían salir los frutos celestiales de mi Querer; nadie tiene el fruto sin el árbol, este árbol fue
regado por mi sangre, fue cultivado por mis penas, por mis suspiros y lágrimas; el sol que
resplandeció sobre él fue sólo el Sol de mi Voluntad, por lo tanto, con toda certeza vendrán los
frutos de mi Querer, pero para desear estos frutos se debe conocer cuán preciosos son, el bien
que aportan, las riquezas que producen. He aquí el por qué de las tantas manifestaciones que
te he hecho de mi Querer, porque el conocimiento llevará el deseo de comerlo, y cuando hayan
saboreado qué significa vivir sólo para hacer mi Voluntad, si no todos, al menos en parte
volverán sobre el camino de mi Querer, las dos voluntades se darán el beso perenne, no habrá
más lucha entre la voluntad humana y la del Creador, y mi Redención, a los tantos frutos que ha
dado, dará también el fruto del Fiat Voluntas Tua como en el Cielo así en la tierra. Por eso sé
tú la primera en tomar este fruto, y no quieras otro alimento ni otra vida que mi sola Voluntad”.
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